Viajar en metro puede ser un lujo

Al contrario de lo que sucede en nuestro país, donde el metro es algo funcional, en algunas capitales europeas el trayecto se ameniza con auténticas obras de arte. En las ciudades exsoviéticas, sobre todo en Moscú, los pasillos y estaciones son palacios subterráneos. Y en las más occidentales, como Estocolmo o Lisboa, son obras de grandes artistas las que toman protagonismo, a modo de museo bajo tierra.

La estación de Komsomolskaya, otra de las famosas de Moscú

Coger el metro en una ciudad española es de todo menos una experiencia alegre. Estaciones oscuras, no siempre limpias, retrasos y líneas que sólo se revisan y restauran una vez cada dos décadas. El metro es un transporte funcional en el que lo estético queda totalmente de lado, pero no es así como lo idearon en otras capitales europeas. Por motivos y con resultados muy distintos, hoy nos sumergimos en dos de los metros más bonitos del planeta: el de Moscú y el de Estocolmo.

El de la capital rusa es mucho más famoso y mítico, a pesar de que últimamente saliera en los medios internacionales por motivos bastante menos agradecidos. Sea como sea, la vida continúa, y el metro de Moscú seguirá siendo una de las grandes joyas arquitectónicas del siglo XX. El primer tramo fue construido entre 1932 y 1935, y a día de hoy ya cuenta con 11 líneas. No obstante, las estaciones más bonitas siguen siendo muy antiguas; la mayoría de ellas datan de los años 40 y 50. Novoslabódskaya, Kíyevskay y Belorrúskaya son algunas de las que no os podréis perder. Encontraréis mosaicos, vidrieras y esculturas de los mejores artitas soviéticos, guardando cada una de las estaciones un estilo propio y diferenciado. Es como pasear por un palacio subterráneo y, de hecho, éste es precisamente el sobrenombre con el que se lo conoce. Viajar en él es, además, la mejor forma de moverse por la ciudad. Funciona de un modo muy parecido al de nuestro país y una tarjeta de diez viajes nos costará 240 rublos (6,30€).

Estación Radhuset del metro de Estocolmo. Línea azul.

Pero no sólo el metro de Moscú destaca por sus encantos. También el de Estocolmo es una auténtica obra de arte, aunque su fama no haya trascendido tanto. De hecho, los 110 km de trayecto totales se consideran el museo más grande del mundo. Las diferentes líneas del subterráneo sueco se dividen en tres colores: grupo verde, grupo rojo y grupo azul. Es precisamente este último el más atractivo, aunque 90 de las 100 estaciones existentes están decoradas. Es la obra de los  140 artistas que llevan exponiendo su talento bajo tierra desde los años 50 hasta día de hoy. Viajar en el metro de Estocolmo nos costará, eso sí, un poco más caro que hacerlo en el de Moscú. Un billete de 3 días cuesta 200 SEK, unos 21 euros, pero hay suculentos descuentos para menores de 20 años, mayores de 65 y discapacitados.

Estos dos transportes de lujo no son únicos en el mundo. También el metro de Lisboa es famoso por su belleza y exposición de obras artística, del mismo modo que la mayoría de capitales exsoviéticas (como la de Ucrania, Kiev) también gozan de estaciones decoradas cual palacios. Así pues, si viajáis a cualquiera de estas ciudades, no olvidéis moveros en metro. Descubriréis que el lujo subterráneo también puede estar al alcance de todos.

Foto: Komsomolskaya Metro Station, Moscow por yeowatzup y The Stockholm Underground por Supagroova en Flickr.com.

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