Pon una perla en tu vida

Las perlas nunca pasan de moda. Son elegantes y un distintivo social de los más vistosos. En este artículo os descubrimos los distintos tipos y cómo detectar imitaciones.

Pocas perlas auténticas presentan una redondez perfecta

Existen ciertas palabras que siempre nos remiten a lujo del más alto nivel. «Yate», «Ferrari», «mansión», «caviar»… Y, por supuesto, «perlas». Muchas niñas juegan con collares de perlas de juguete a ser sofisticadas señoritas que toman una taza de té en compañía de la realeza y a la espera de su príncipe. Y, a medida que crecen, algunas mantienen el sueño de poder lucir una (o unas cuantas) en su cuello. Esta joya es y será siempre una de las más valoradas, hasta el punto que jamás pasa de moda y que empresas de imitaciones (como la famosa Majorica) tienen un éxito envidiable. Nos dedicamos, pues a conocerlas un poco mejor y a saber cómo detectar una imitación. ¡Que no os den gato por liebre!

Empezaremos, pues, destacando dos tipos principales de perlas. Todas ellas, a día de hoy, de cultivo, pues bien es sabido que uno de los factores que hace esta joya tan preciada es la escasez. Así pues, la técnica mayoritaria consiste en insertar dentro de la ostra pequeños cuerpos orgánicos o perlas, de tal modo que se estimula la producción de nácar por parte del animalito. La segunda es más de lo mismo, pero introduciendo una pequeña perla sintética de unos 5 a 10 milímetros de diámetro. El tiempo de cultivo de esta variedad es muy escaso, máximo 3 años (el de las otras puede llegar a los 8) y su principal atractivo es que son redondas perfectas. Eso sí, hay que cuidarlas muy bien, pues la capa de nacar es bastante fina.

Además del tipo de cultivo, factores como la variedad de ostras, el tipo de agua en el que viven e incluso el orígen también dan lugar a diferentes tipos de perlas. En este sentido, la perla cultivada Akoya es quizás una de las más populares. Se produce en China y en Japón, pero este último país es el que lleva la delantera. Pueden ser de tonos blancos, rosados o crema y se cultivan mediante de nucleación sintética, es decir, con una perla sintética como base. Sólo cerca del 5% de las implantaciones terminan generando una perla de calidad: de tamaño por encima de los 7 mm y redondez casi perfecta.


Si lo que buscamos es una perla de valor excepcional y precio a la altura, existen dos modalidades que cumpliran nuestras expectativas: las tahitianas y las australianas. Cultivadas mayormente en aguas saladas de la Polinesia Francesa, las tahitianas más famosas y valoradas son las de color negro. Aún así, las hay verdes, naranjas, magenta, azul cobalto o incluso doradas.  Su tamaño oscila entre los 8 y los 18 mm. Por su parte, las australianas destacan por su lustre e iridiscencias plateadas. Si, por el contrario, si lo que buscamos es algo más económico, quizás las perlas mabe sean la solución.

Existe una variedad que se está imponiendo durante los últimos años, tambaleando las hegemonias del sector. Se trata de las Freshwater, perlas chinas de agua dulce. El molusco que las produce puede fabricar hasta cuatro a la vez, de diferentes colores y formas. Hasta los 90 se producían perlas pequeñas y de baja calidad, pero gracias al perfeccionamiento de las técnicas de cultivo y a su proliferación, hoy en día son una alternativa  a la altura de cualquiera de las que acabamos de exponer.

Las perlas tahitianas más famosas son las negras

Como vemos, hay variedades para todo los gustos, lo cual dificulta al ojo inexperto detectar si lo que nos ofrecen es auténtico o no. Para saber si una perla es  falsa, lo más habitual es morderla. Si se desliza entre los dientes es falsa, puesto que el acabado arenoso de las auténticas impediría que esto sucediera. De hecho, si nos fijamos mucho, estas imperfecciones pueden detectarse con la vista. Si este proceso nos resulta complicado, puede que baste con mirar el cartelito que acompaña la perla o  joya. Existen mil y un eufemismos para denominar una perla falsa causando confusión en los inexpertos: perlas sell, perlas faux, perlas de Mallorca (o de cualquier otra región), etc.

Las perlas son elegantes y nunca pasan de moda. También son caras, pero valen cada céntimo de su valor. Y aunque jamás nos haremos con la Perla Peregrina, podemos acceder a cualquier de sus flamantes compañeras.

Foto: Pearls por Milica Sekulic y tahitian pearl por paparutzi en Flickr.com

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