Coronando el Kilimanjaro con esclerosis múltiple

A Inés Grau, de 24 años, le diagnosticaron esclerosis múltiple cuando tenía 17, pero eso no le ha impedido alcanzar un pico de casi 6.000 metros de altura. Y no lo ha hecho sola. Lo ha hecho junto a 28 personas más, nueve de ellas afectadas por su misma enfermedad y cuatro de ellas pacientes de parkinson. Solo siete personas no lograron el objetivo.

«Hemos conseguido abrir nuestro propio camino estos días y creo que a partir de ahora tenemos dos cosas que hacer a diario; no perder de vista el trazo que hemos ido siguiendo y no dejar que nuestros miedos o dudas cansen nuestros cuerpos. Sólo de esta forma llegaremos a nuestra próxima cima, porque hoy hemos coronado el Kilimanjaro pero mañana todavía tendremos muchos otros picos que escalar«, explica Inés Grau en su blog. A esta psicóloga clínica de 24 años le diagnosticaron esclerosis múltiple cuando tenía 17, pero eso no le ha impedido alcanzar un pico de casi 6.000 metros de altura. Y no lo ha hecho sola. Lo ha hecho junto a 28 personas más, nueve de ellas afectadas por su misma enfermedad y cuatro de ellas pacientes de parkinson. Solo siete personas no lograron el objetivo.

«Salimos a las 22.30 el domingo e hicimos cumbre a las 9.00 de la mañana del lunes. Creo que ha sido la noche más larga de mi vida; el camino parecía interminable y la falta de oxígeno y de luz nos invitó a todos a mandarlo todo a tomar viento y volver a casa. Pero ahí fuimos por algo, para gritarle al mundo que aunque tengamos una enfermedad, si queremos podemos, y ese fue nuestro motor«, explica. Esta catalana, que ha compartido sus vivencias esta semana para el diario El Mundo, sufre una variedad benigna de esclerosis múltiple que padece solo un 10% de los afectados y que le permite hacer vida normal. Sin embargo, «en la mayoría de pacientes, la enfermedad no es así y tienen una incapacidad más o menos severa», explicaba Alfredo Antigüedad, Jefe de Servicio de Neurología del Hospital de Basurto (Bilbao), en declaraciones para el citado rotativo. El diagnóstico precoz y las mejoras en el tratamiento están mejorando la calidad de vida de toda esta gente.

Inés tiene ahora un vago recuerdo de cómo fue su diagnóstico. «Fueron unos minutos duros que están borrados de mi memoria», indica. «Pensé que mi futuro se había truncado, que el ‘chiringuito’ que había montado con el tiempo se desmoronaba y que no encontraría la manera de volver a poner las cosas en su sitio«. Aunque la enfermedad aún no ha limitado su movilidad, sigue un  tratamiento semanal que le causa efectos secundarios las 24 horas del día. «Como si tuviera una gripe». No obstante, tiene muy claro que no va a permitir que la enfermedad y sus posibles consecuencias futuras trunquen el optimismo con el que afronta su vida. Un optimismo que le ha permitido, por el momento, completar una proeza que la mayoría de gente no osa ni intentar.

La esclerosis múltiple afecta a 90 de cada 100.000 personas y se considera la segunda enfermedad neurológica más común tras la epilepsia. Consiste en la aparición de lesiones desmielinizantes, neurodegenerativas y crónicas del sistema nervioso central y, aunque se desconocen sus causas, se sabe que hay diversos mecanismos autoinmunes involucrados. De hecho, existe una teoría, la del Higiene, que apunta como causa de esta enfermedad la desaparición del entorno de bacterias y microorganismos que no afectaban al ser humano y que habían convivido con él durante siglos. Ello habría podido provocar una reacción en el sistema inmunológico, que lanza ataques contra el propio organismo.

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