España y la falta de educación de calidad que forme a ciudadanos

Los muchos planes de estudio que se han estrenado en España solo han tenido como objetivo convertirnos en ovejas de un rebaño manso, pero no educarnos como ciudadanos de bien.

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Probablemente cuando hablamos de educación en España, no podemos presumir de tener uno de los mejores sistemas de Europa. El informe PISA nos sitúa casi siempre a la cola, y a niveles alarmantes de pobreza cultural en muchas asignaturas básicas. Las universidades españolas no se encuentran en los ránkings de las mejores del mundo, ni tampoco vemos que las empresas estén demasiado contentas con las habilidades desarrolladas en los planes de estudios. Es más, creo que en muchos casos todas coinciden en que los estudiantes tienen formación teórica no necesaria y les falta mucha práctica para realizar con soltura la profesión para la que se han preparado.

Sin embargo, no parece que los malos resultados que se obtienen en educación sean un asunto que obsesione a nuestros políticos. Más bien todo lo contrario. Tomando como ejemplo el libro de dos autoras, reconocidas educadoras que llevan toda una vida entregada a uno de los oficios más bonitos del mundo, Carmen García Colmenares y Luz Martínez Ten, parece que las cosas actualmente no van demasiado bien, y faltan voces para revelarse contra un modelo que parece buscar más convertir a los ciudadanos en rebaño que en verdaderos ciudadanos. Cientos de cambios de planes de estudios, varias reformas educativas, y los resultados obtenidos con todos ellos solo nos han llevado a alejarnos de la cabeza de la mejor educación europea. ¿Qué es lo que le pasa a nuestro sistema educativo? ¿Qué estamos haciendo mal?

Los cambios de gobierno y los cambios de educación

El principal problema de España es que cada reforma educativa que ha acometido ha sido tan solo un retoque de los planes de estudios hecho a la medida de la ideología política del gobierno de turno. En la base, muy pocas cosas han cambiado. Ha sido más una cuestión de cambio de formas que de fondo. Aunque en su momento el debate sobre colocar o no la polémica asignatura Ciudadanía colapsó las portadas de los medios de comunicación, en la práctica, eso no puede ser lo que mueva a un sistema que no garantiza que se supere con éxito la educación obligatoria, que hace que los titulados universitarios no tengan pares oportunidades que sus homólogos europeos, o que supone que un niño de 14 años no sea capaz de comprender con soltura un texto normal en español. Tampoco es una cuestión de lenguas, como muchos han dado por hecho. Se trata de una cuestión de seriedad.

Aunque según nuestra ideología podamos o no querer que se hable de familias no tradicionales, que la religión esté fuera del aula, o que simplemente haya más horas de unas u otras asignaturas, lo que hay que cambiar es el concepto de cambio de sistema educativo con el cambio del gobierno. El sistema educativo ha de ser mucho más sólido que el intercambio de los partidos en las urnas. Hay que blindarlo. Cualquier cambio debe aprobarse en el Paralmento por amplio consenso con los demás grupos. Cualquier cambio debe contar con el apoyo de los entes y de las personas que lo viven y que lo van a utilizar en su provecho. No se puede legislar contra alumnos, profesorado y otro personal educativo y pretender que luego las cosas salgan bien. Es una utopía solo el hecho de pensarlo.

Ciudadanos con derechos ante todo

Otro asunto sobre la educación está en el debate de lo público. A día de hoy, no son pocos los países europeos, como es el caso de Austria o Alemania en los que vemos que el sistema educativo es completamente gratuito para todos. Desde infantil a la universidad. Allí los idiomas son algo habitual desde las propias guarderías y no es extraño ver titulados con dominio de más de cinco lenguas. Pero esos países, y varios más del continente europeo tienen claro que gobierne quién gobierne, la educación pública está por encima de todo. En el caso de España, hay ciertos sectores que se empeñan en justificar los recortes en lo público al tiempo que aprueban subvenciones para colegios concertados y privados. Y no se puede comenzar la casa por el tejado.

Primero está la educación pública al completo. A ella se deben destinar los recursos necesarios para que las clases tengan la mejor calidad. Y luego, si sobra dinero de los presupuestos, habrá que invertirlos en otros centros que pueden tener interés a la hora de encontrar una mayor oferta en lugares muy poblados y con pocas plazas, o pensar en invertir aún más creando nuevos centros. Pero desde luego, financiar primero a los que tienen capital privado ignorando a lo público es un error que luego pagamos en los exámenes a nivel europeo. Y así nos va….

Imagen: jacinta lluch valero

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