La explotación sexual infantil ya no causa indiferencia en República Dominicana

República Dominicana ya no se muestra indiferente ante el turismo que existía gracias a la explotación de menores. La conciencia comienza a cambiar la sociedad.

prostitucion infantil

En República Dominicana puede que se venda uno de esos turismos en los que el sol y la playa están garantizados en grandes resorts con todas las comodidades, pero también hay otra cara del turismo que perjudica seriamente a las mujeres, y en muchos casos a mujeres que son solo niñas. De hecho, la explotación sexual en el país se encuentra entre una de las más altas del mundo, y muchos problemas familiares y sociales hacen que sea algo difícil de eliminar. De hecho, hasta ahora, ni siquiera existía una verdadera conciencia del problema, y el Estado apenas asumía sus funciones en esos términos, permitiendo que incluso los cuerpos policiales hiciesen la vista gorda porque allí eso es lo normal.

A día de hoy, las cosas han cambiado, la Fiscalía de Menores, quién ha asumido a un nuevo dirigente parece convencida a recuperar los derechos de las mujeres, y sobre todo, de todas esas niñas casi siempre de familias muy pobres que se ven abocadas a la prostitución como forma de vida. Los cinco años anteriores a éste, tan solo hubo en República Dominicana cuatro condenas relativas a este tema. Este año, desde que se ha cambiado el cargo, ya llevan 5 y unas cuantas todavía pendientes pero con acusados. Parece que las cosas van a ir cambiando poco a poco, y probablemente, se estén dando los primeros pasos para acabar con una verdadera lacra social.

El problema de la prostitución y el turismo

El turismo en estas zonas dónde abunda la prostitución infantil se nutre de ella misma. Son muchos los turistas que acuden de forma específica a estas localidades buscando niñas con las que tener relaciones sexuales. De hecho, las ofertas llegan desde los sitios menos esperados. La señora que hace trenzas y muestra fotografías de un catálogo para elegir a la chica, hombres que ofrecen a pie de playa masajes con especialistas que luego van a más, y un largo etcétera de proposiciones que siempre encuentran a quién vender. En cuanto el cliente dice que sí, se activa la maquinaria. El que le ha contactado se lleva una comisión. Otro que va a buscar a la niña se lleva otra. Y muy probablemente el dueño del motel o hotel dónde está pactado el encuentro, se lleve otra más. Las menores cobran unos 30-40 dólares, por lo que para ellas es casi como un sueño dorado en el que hay abundancia dedicarse a este mundillo.

Pero si se identifica el problema, podría encontrarse solución fácil. Eso es lo que podría parecer. Pero la policía ve esto a diario y no hace nada. Los cuerpos están formados en una cultura en la que está bien visto que las menores se acuesten con extranjeros dispuestos a pagar una pequeña fortuna por ello. Y todos los que forman parte de ese proceso de puesta en contacto no tienen ningún problema en asumir su labor como algo normal. Y eso es precisamente lo que se está intentando cambiar. Hay que concienciar a los cuerpos policiales, hay que aumentar la forma de control, y sobre todo, hay que educar a la población para que no consienta la explotación sexual infantil como si no fuese un verdadero delito.

La cultura y la natalidad

Pero el problema de la conciencia social es solo uno de los tantos con los que se encuentran de frente todas las asociaciones que quieren luchar contra la explotación sexual infantil. De hecho, la sociedad en sí misma muestra un problema de maternidad precoz. El 25% de las dominicanas tienen hijos antes de los 18 años, y es habitual que una chica con poco más de 20 años tenga entre 3 y 4 retoños. Todos esos pequeños requieren de cuidados, pero sobre todo, de dinero para poder mantenerlos. En un país en dónde el salario mínimo ronda los 200 dólares, y las cosas no son tan baratas como para que alcance, las madres jóvenes ven en la prostitución la salida a sus problemas financieros. Y si además es tan fácil como colaborar con una de esas redes en las que cada cual se lleva su comisión y hace un papel concreto, es muy asequible.

Además, apenas existen fondos para intentar hacer que todas esas niñas y jóvenes que se ven obligadas a prostituirse porque se han convertido en madres salgan de ese foso. En ese sentido, resulta muy complejo cambiar el sistema. Pero al menos, algo está empezando a cambiar en República Dominicana, y aunque cueste que cambie, porque han sido muchos años en un sentido contrario, poco a poco se verán los logros, y probablemente en unos años veremos un considerable descenso de la prostitución infantil, una práctica que en los países pobres es lastimosamente la comidilla del día a día.

Imagen: El Fantasma de Heredia

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