La historia real del amor gay entre Bella y Cenicienta

Hoy te hablamos de una historia de amor entre dos mujeres que son lesbianas y amantes de los cuentos de Walt Disney. Si aún no conoces a Bella y Cenicienta, deberías hacerlo.

Bella y cenicienta gay

Los cuentos con los que crecen los niños marcan muchas de las historias que luego reinterpretarán en su vida adulta. De hecho, seguro que tú tienes un preferido de tu infancia. Los de Walt Disney, precisamente por lo famosos que son han sido objeto de reinterpretación desde distintos puntos de vista, y hoy queremos ponerlos en la portada de nuestro blog porque son precisamente ellos los que nos llevan a una historia de realidad muy particular. Esta historia podría tener un título como que Bella y Cenicienta por fin han encontrado un final feliz juntas.

¿Juntas? Será la primera pregunta que te hagas. Pero, ¿cómo si son dos historias completamente distintas? En realidad, esta historia es la de dos mujeres que han encontrado el amor por Internet y que adoran estas dos historias de Disney. En realidad, Bella es Kayla, y Cenicienta es Yalonda. Ambas son jóvenes, porque apenas tienen 24 y 26 años, y ambas han convertido su historia en viral para traer a la sociedad una reflexión que creo que es más que interesante.

Cuentos de Disney más reales

La imagen con la que hemos abierto la portada de nuestro artículo de hoy es solo una de las muchas que las jóvenes están difundiendo vía redes sociales e Internet. De ella se han hecho eco muchos medios de comunicación, no solo porque tiene ese gancho que hace que el lector haga click, sino también porque te hace reflexionar, te hace pensar en la sociedad en la que estamos y en la que podemos construir en el futuro.

El hecho de que dos personajes de libro de cuento se hagan tan reales y compartan un amor que está muy separado del que se muestra en esas historias es una de las cosas que más llama la atención. De hecho, estoy convencida de que el propio título de este artículo es lo que ha hecho que tu curiosidad quisiese saber más. Pero, ¿por qué? ¿Por qué nos sigue pareciendo tan extraño que dos hombres o dos mujeres puedan declararse su amor y que éste sea como el de un cuento de hadas?

En todas esas historias nos cuentan que viven felices y comen perdices. Y que lo hacen entre un hombre y una mujer. Un príncipe azul perfecto que va en busca y al rescate de su princesa. No tiene nada de malo. Pero ¿no puede haber más puntos de vista? ¿No puede haber otras historias igual de interesantes que realmente muestren a los pequeños que hay mucho más allá de los convencionalismos en los que vivimos? Aunque no parezca ya un tópico, esto se vivió con Pocahontas. Una princesa Disney que no era blanca, ni tenía unos ojos azules y una tez inmaculada. Otras razas e incluso, religiones, podían tener cabida en los cuentos. ¿Por qué no dar un paso más ahora? La verdad es que la realidad que viven estas dos chicas creo que puede dar para que ese debate vuelva a ser real.

El amor gay es tan amor como el heterosexual

Puede que falte mucho tiempo hasta que veamos una historia como la de esta Bella y esta Cenicienta en los cines. Puede que si la vemos, sea una película no recomendada para menores. Pero, el principio de todo este debate debe comenzar por dejar claro que el amor homosexual no es menos amor por el simple hecho de ser entre personas del mismo sexo. Hay que superar ese miedo a lo diferente. Ese miedo a lo que no nos es tan conocido. Ese miedo a lo que todavía es políticamente incorrecto aún pese a decir que estamos en una sociedad progresista.

Particularmente opino que estas dos chicas son dos grandes valientes. Dos valientes que se han atrevido a dar que hablar. Porque solo hablando se entiende la gente, y solo exponiéndose -aunque sea triste en el fondo- se hace pensar y reflexionar a los demás. Creo que esta historia pasará y probablemente nos encontremos con que los próximos estrenos de Disney son más de lo mismo. Pero en ellas, aún queda la fe de pensar que quizás una de esas princesas de cuento más actuales, Elsa, sea realmente lesbiana. Y se haga evidente en una segunda parte. Quién sabe, quizás hasta tengan razón.

Vía: Verne

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