La homofobia sigue siendo un problema mundial

El atentado de Orlando es solo un ejemplo de cómo se entremezclan ideologías radicales. La homofobia sigue estando presente en la mayoría de sociedades avanzadas y en el tercer mundo, ser gay puede significar la muerte.

colectivo gay

Lo que ha ocurrido en Orlando no tiene nombre. Está claro que los fanatismos siempre han sido un mal social difícil de combatir, pero cada vez nos cuesta más tenerlos controlados dentro de nuestras propias fronteras. Quizás lo más llamativo de esos sucesos haya sido el ataque directo frente a un colectivo que casi siempre se siente marginado, vigilado y criticado por la sociedad. El Estado Islámico no ha negado nunca que odia a los gays. Los odia tanto que es capaz de asesinar a sangre fría a individuos solamente por cuestionar sus tendencias sexuales. Ese odio por primera vez ha salido de las fronteras del califato.

Es indiferente si el hombre que asesinó a sangre fría a tantas personas que estaban aquella fatídica noche en el club es o no un lobo solitario. De hecho, me da la impresión que la posibilidad de que lo sea tranquiliza, porque se supone que el Estado Islámico todavía no ha logrado componer comandos dentro de los Estados Unidos. Pero, ¿se ha pensado por un momento lo fácil que puede resultar convertirse en uno de estos lobos solitarios? Basta con Internet y conocer unas cuántas páginas de esas que lavan el cerebro y escapan al control policial. ¿De cuántos posibles lobos solitarios estamos hablando? La amenaza es mayor de lo que muchos piensan.

Guerra declarada al colectivo gay

Si antes de que ocurriese lo de Orlando, el EI ya había declarado la guerra a los homosexuales, lo que cambia ahora es que estos han pasado a ser un objetivo directo para aquellas personas que se sientan atraídas por su ideología. El pánico puede llenar a todas esas personas que simplemente van buscando una noche de ocio en los tantos clubs gays del mundo. Sin embargo, hay que recordar que precisamente lo que buscan estos terroristas es que el miedo nos llene y que decidamos no hacer absolutamente nada de lo que hacíamos antes. Ellos creen que la sociedad contemporánea está corrompida, que nuestras formas de ocio son pecado, y se esperan que el mundo cambie hacia un patriarcado en el que aquellos que no piensan como ellos simplemente serán eliminados. Y eso, no se puede permitir. Por eso, pese a que todos estemos bajo amenaza, incluido ahora el colectivo LTGB, hay que seguir haciendo vida normal.

Repensando la homofobia

Creo que sí hay una cosa en positivo que podemos sacar de la masacre discriminada de Orlando es el hecho de que hay que repensar cómo tratamos al colectivo gay. Muchos de los testigos de los asesinatos declaraban que para ellos, el club al que acudían era un refugio, porque fuera se sentían criticados y juzgados. La tendencia sexual de cada cual es algo que no debería suponer una traba, y los homosexuales no deberían sentirse amenazados más allá de las zonas pensadas casi de forma exclusiva para ellos. Creo que ese ataque que han sufrido ahora debería hacernos reflexionar acerca de la sociedad que construimos. Al fin y al cabo, ¿por qué ha de sentirse mal una persona frente a alguien que la juzga sin ningún otro motivo que un odio y falta de respeto a las tendencias sexuales de cada cual?

Los homosexuales se han convertido con el atentado de Orlando en nuevas víctimas del EI fuera de sus fronteras. Y la sociedad debería ser capaz de acoger a esas víctimas, de darles una nueva oportunidad y de entenderles mejor de lo que se ha hecho hasta ahora. Por eso te propongo a ti que pongamos nuestro granito de arena para cambiar ese mundo que todos compartimos. Puede que jamás hayas criticado a los gays, pero probablemente conozcas a alguien en tu entorno que sí lo haga. ¿Qué tal si la próxima vez que escuches comentarios despectivos les paras los pies? Puede que sea un gesto realmente pequeño, pero si con él somos capaces de cambiar un poquito más la sociedad, seremos mucho más felices.

Una homosexualidad camuflada

Por último, lo que quizás llama más la atención es que, bajo las declaraciones de algunos testigos, el asesino era gay y un cliente frecuente de estos clubs. Pese a que estaba casado con una mujer, la cual podría ser ahora acusada de cómplice, él quiso destruir en parte lo que él también era. Ese odio a los demás y el odio a sí mismo fueron el detonante para que se dejase llevar por la ideología del EI. Al menos según los últimos datos que tiene la policía. Muy triste esta historia. Tan triste que para acabar con una vida que no deseaba tuvo que llevarse a más de 50 por delante.

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