La ola de agresiones sexuales en Colonia: el machismo como problema social

Pese a la alerta de seguridad y a la presencia de policías no se pudo evitar que hubiese un millar de agresiones y robos la noche del 31 de diciembre en Colonia. Las dimisiones y otras informaciones muestran que el suceso fue mayor de lo indicado

agresiones

La ola de agresiones que vivió Alemania, concretamente la ciudad de Colonia durante la noche de fin de año sigue dando que hablar en el escenario de las noticias internacionales. No solamente por el hecho de que se haya tratado de un tema que se gestionó pésimamente y por el cual ha ya dimitido el jefe de la policía encargado del operativo. Éste ha sido jubilado anticipadamente tras haber intentado excusarse en numerosas ocasiones eludiendo su responsabilidad y achacando lo ocurrido a una falta de comunicación importante entre los miembros del equipo.

Sin embargo, la indignación va en aumento porque actualmente las informaciones que aparecen desvelan numerosos detalles relacionados con los hechos que están aumentando la preocupación social. Por un lado, hay más de un millar de afectadas en la ciudad de Colonia, y no son las únicas porque el mismo modus operandi se utilizó en otros países de Europa. Ahora sabemos que las agresiones se vivieron en otras ciudades alemanas, en Austria, Suiza y Finlandia. Además, en algunas de ellas había implicados solicitantes de asilo.

Por el momento, hay 31 detenidos que han sido interrogados por la policía en Colonia y de ellos, 18 se ha confirmado que eran solicitantes de asilo. Sin embargo, la policía continúa buscando e interrogando a más personas que podrían estar implicadas en las agresiones y se analiza cómo han logrado sus objetivos sin que la policía pudiera hacerles frente. De hecho, en estas últimas horas se han filtrado informaciones relativas a cordones de seguridad que los propios atacantes habían armado para impedir el acceso de las autoridades. Éstas también fueron atacadas con piedras y botellas y en algunos casos tuvieron que replegarse pese a conocer la situación de peligro que se estaba viviendo.

La ultraderecha se aprovecha de la polémica con los refugiados

Los periódicos de media Europa han reflejado el tema en sus portadas haciendo especial énfasis en que muchos de los agresores son refugiados o han solicitado asilo en los países en los que propiciaron las agresiones a todas estas mujeres. Los partidos de ultraderecha han aprovechado que haya solicitantes de asilo implicados para atacar las políticas de acogimiento de personas de países en conflicto que se han estado llevando a cabo en Alemania. Se trata de un error garrafal porque entonces habría que plantearse ¿si los alemanes implicados son malos por naturaleza, son todos así y hay que juzgarlos generalizando? La respuesta es que evidentemente no. Pero la confusión creada hace que muchas personas acaben creyéndose un razonamiento erróneo y perjudicial para una multiculturalidad sana y necesaria en la sociedad contemporánea.

El machismo como problema social

Pese a que se está buscando enfocar el problema hacia los refugiados que provienen de otros países, parece que se olvida que más de la mitad de los agresores no eran extranjeros sino que eran nacionales que habían participado en esas agresiones y robos. En muchos casos, la violencia aplicada era brutal y muchas de las víctimas han tenido que recibir asistencia psicológica para conseguir reponerse.

El machismo no es una actitud que afecte a los extranjeros. De hecho, los casos de violencia machista que se dan en los países europeos es un asunto que sigue preocupando y que, sobre todo, hace que nazcan políticas que ayuden a la reflexión, que permitan el cambio del modelo y que castiguen a los agresores que continúan embobados en sus posiciones autoritarias y patriarcales. Hasta que no se consiga que socialmente todo el mundo la denuncie, le haga frente y haga posible que se aisle a aquellos que continúan por ese camino, no veremos la solución a este problema.

Por otro lado, hay que considerar que ante este problema de la violencia y las agresiones sexuales a las mujeres hay que poner todos los medios posibles para frenarlas. De hecho, las críticas a la actuación de la policía en Colonia han sido una de las más duras en toda la década. Realmente, la organización debe mejorarse, y sobre todo, deben existir protocolos de seguridad que impidan que algo así vuelva a repetirse. Si se trata de acciones que han sido programadas por grupos que comparten una ideología con intención criminal, entonces habrá que actuar sobre ellos como tal y no considerarlas agresiones aisladas llevadas a cabo únicamente por individuos. Sinceramente, creo que lo de Colonia pudo evitarse si existiese un protocolo de seguridad específico como ya lo hay para otro tipo de acciones. Pero negarse a admitir que se trata de un problema social que requiere soluciones concretas y limitarlo a un problema religioso, racial o cultural solo hará más daño a la sociedad y a las mujeres que lo sufrieron.

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