La sedación terminal francesa: la eutanasia a debate con otro nombre

Francia debate su ley con la que permite a los pacientes que sufren graves enfermedades dejar de tomar el tratamiento y ser sedados sin más métodos de soporte artificial hasta su muerte.

eutanasia

Casi siempre que se debaten los temas sensibles, la sociedad se parte en dos. Entre aquellos que están a favor y aquellos que están en contra. Quizás por eso, para avanzar en normas progresistas, hay que estar bien seguros de que una mayoría de ésta apoya las que pretenden ser las nuevas normas. Y en este caso nos llegan noticias muy frescas de nuestros vecinos galos, ya que en los próximos meses podrían ver aprobada en sus leyes una reforma que permitiría lo que se conoce como eutanasia pasiva, aunque desde el ejecutivo se ha hecho siempre referencia a la norma como sedación terminal. Hoy hablamos del tema, en qué consiste y todo lo que está generando en el vecino país.

Hollande ya llevaba en el programa que le hizo hacerse con el poder ejecutivo la normativa. En realidad, para la mayor parte de los expertos es una eutanasia pasiva. Es decir, no se inyectan o suministran químicos que acaben antes con la vida del paciente, pero no se hace nada para ayudarle a mantenerse vivo en los casos más extremos, lo que en la práctica podría suponer una muerte antes de tiempo, al menos antes del tiempo que actualmente la medicina podría prolongarle la vida a esa persona.

El paciente, lo primero

Lo que plantea la normativa de la sedación terminal francesa como uno de los principios no negociables es que la voluntad del paciente se respete. De hecho, obliga al médico, una vez le haya explicado todas las consecuencias que podrían tener las diferentes decisiones que se planteen en un caso de enfermedad terminal o de trastornos graves que impidan una vida digan a acatar lo que su paciente, en su sano juicio, le haya dicho. Es más, va todavía más allá, porque la norma asegura que si el paciente firma lo que se llama un testamento vital, incluso en los casos en los que se encuentre en coma o inconsciente, el médico tiene que atenerse a lo que se escribió en dicho documento.

Para muchos médicos, la ley va en contra de lo que la profesión les obliga a hacer: intentar sanar o salvar vidas. Precisamente para evitarse que la comunidad sanitaria sea la que grite un gigantesco no, el ejecutivo ha planteado que si el médico se niega, por razones objetivas a aceptar la voluntad del paciente porque cree que ésta no es la mejor de las soluciones, ha de consultarlo con otro colega que debe dar también el visto bueno para mantener la negativa. Eso sí, el paciente puede elevar una queja o denuncia, o en su defecto decidir que lo trate otro médico.

Una norma contra la vida, dicen algunos

Pese a que la mayoría de la cámara parlamentaria está de acuerdo con la normativa, algunos parlamentarios del equivalente al PP español se han negado a votar la norma, y la han calificado como una que atenta contra el derecho a la vida. Muchas asociaciones provida también se han manifestado en contra de la normativa al igual que representantes de prácticamente todas las religiones en el país. Aún así, las encuestas aseguran que el respaldo al anteproyecto está en la mayoría de los franceses además de haber sido validado con el voto dado a Hollande que la presentó abiertamente en su programa. Por esas razones, y porque tiene los votos necesarios para llevarla adelante, no se esperan grandes cambios. De hecho, las mociones de la oposición han sido presentadas sobre todo para torpedear el proceso y perder tiempo, como se ha admitido desde algunos de sus representantes.

Una ley que regule el derecho a morir dignamente, y que ni siquiera implique a otras personas ni suponga el uso de sustancias que puedan causar la muerte directamente no me parece que pueda causar tanta polémica en los tiempos en los que estamos. La vida es nuestra, y deberíamos poder decidir, siempre que estemos en todas nuestras facultades, cuando renunciar a ella porque se nos hace una carga muy pesada con una enfermedad que en realidad no tiene cura. Si tenemos en cuenta que lo único que permite la ley es que se utilicen los insumos y todo aquello necesario para sedar al paciente y que éste no sufra, no creo que la polémica de para tanto en sí misma. ¿Acaso hay que seguir tratando a alguien que sabemos no tiene cura? ¿Hasta qué punto la medicina que no salva, sino que acaba por atormentar a una persona sigue siendo medicina? Creo que merece una amplia reflexión y que hay que recordar se plantea como derecho. No como obligación. Será siempre el paciente el que tenga la última palabra.

Imagen: HazteOir.org

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