Micromachismos: ejemplos de como todavía ellos nos marginan sutilmente

Diversos estudios y testimonios demuestran como el hombre continúa denigrando a la mujer, aunque de una forma menos descarada. ¿Estás siendo víctima? Descúbrelo.

El machismo se sigue imponiendo en la sociedad

Aunque los estereotipos sexistas han disminuido con los años, sigue habiendo acciones que muestran un machismo persistente en los lugares de trabajo, las instituciones educativas, los espacios públicos y en el seno de las familias. El psicólogo argentino Luis Bonino los llamó en los años 90 micromachismos, y estos están constituidos por gestos, actuaciones o palabras que, aunque muy tenues, restan méritos a las mujeres y las discriminan por su sexo.

En esta época, en la que hombres y mujeres comparten roles, tal vez cueste evidenciar el machismo, pero solo es cuestión de agudizar los sentidos. Si bien una mujer puede alcanzar la gerencia de una empresa o la presidencia de una nación, debe batir su puño contra la mesa y adoptar posiciones bruscas para hacerse escuchar en los colectivos, donde es «sutilmente» marginada, al darles prioridad a los hombres para expresarse.

Pero no es solo eso. En Europa, por ejemplo, la mujer tiene un salario inferior al de los hombres (16,5% menos), asumiendo la misma responsabilidad y carga laboral, una completa injusticia si se tiene en cuenta que, generalmente, es ella quien se ocupa de las actividades domésticas del hogar (2,5 horas al día en promedio). Ciertos estudios hacen alusión a que solo un 17% de las consejeras en las grandes organizaciones españolas son mujeres y solo un 3% consejeras delegadas. Irónico, pues se sabe que la mujer está capacitada para ejecutar este y otros cargos de interés.

Las claves de los micromachismos

Las claves que se ofrecen a continuación son fundamentales para identificar los micromachismos que todavía se siguen ejerciendo en la sociedad actual.

Sesgo inconsciente

Para una mujer es difícil aceptar que está siendo discriminada, pero no es imposible. Si va dejando pasar los hechos, por minúsculos que parezcan, acrecienta ese sesgo y perpetúa el machismo. Aceptar que le digan «esta niña», en vez de llamarla por su profesión o por su nombre, es permitir que le resten valor. Diversos especialistas se han detenido a estudiar estas y otras situaciones, encontrando visos de machismo incluso en los comportamientos más cotidianos.

Consuelo Castilla, presidenta del grupo AdQualis, una compañía que gestiona personal para puestos de dirección, recuerda como si fuera ayer, el momento en el que abrió su consultora de recursos humanos en los años 80 y los líderes de las empresas que visitaba le comentaban «Muy bien, buenas propuestas, pero ¿dónde está su jefe? Era lo habitual para aquel entonces, pero continúa ocurriendo».

La abogada Sara Marquina, comentaba recientemente en un reportaje, que es fácil detectar detalles machistas en la sociedad de hoy. Así, se pueden observar por ejemplo, en la cantidad de conferencias dictadas únicamente por hombres y en la manera arrogante y paternalista con la que algunos explican ciertos temas que, incluso, ellas pueden dominar mejor.

Muchos otros ejemplos salieron a la luz en ese reportaje, como el hecho de que las mujeres son interrumpidas con más frecuencia en los actos públicos, que los hombres en el metro ocupan mayor espacio al sentarse para dejar certeza de su superioridad y que los chicos de los aparcamientos comienzan a dar instrucciones de forma automática cuando ven que es una mujer la que intenta dejar su coche.

¿A qué se debe esto? La psicóloga Pilar López Sancho se lo adjudica al sesgo inconsciente, un término ensayado en una investigación reseñada por la revista Science, en la que se determinó que a las mujeres no se les tienden a vincular con calificativos que demuestren inteligencia o profesiones de ciencia.

Encender la alerta

El micromachismo «vive» en casa, donde la madre ordena limpiar o cocinar solo a la hija porque «ellos son los hombres y no tienen por qué hacerlo». Está en el hogar donde se le dice a la mujer frases como: «no seas golfa», «que poco femenina eres», «acaso no valoras el trabajo de tu padre» o «sirve los mejores platos a tu padre y a tus hermanos», cuando ella también los merece porque además de trabajar, muchas veces estudia, cría, atiende a su pareja y lleva las riendas de la familia.

Pero como se ve, el machismo parte de la misma actitud inconsciente de la mujer, educada quizás en una cultura patriarcal, que no es la de estos tiempos. Es de machistas que el hombre roce o toque a la mujer sin ser nada de ella y sin ser un coqueteo recíproco. Lo peor, es que ni siquiera le pide disculpas a ella, sino a su novio, esposo o acompañante. Y si replica, afloran las ofensas, pero si no replica es una «golfa». Parece que no tiene las de ganar. No en un círculo machista.

Y si de entrevistas de trabajo se habla, surgen preguntas pro machismo como: «¿Tienes pareja?» «¿Estás casada?» «¿Tienes hijos?» Quizás sean necesarias para conocer el estatus emocional de la persona, pero de esas respuestas salen nuevas discriminaciones, como el hecho de que le nieguen el empleo por tener hijos. Es así de caprichoso el sistema.

No importan los beneficios que supuestamente la ley le ha dado a la mujer en términos de igualdad. Ellos, al parecer, siguen dominando, pero solo hasta que se les diga stop.

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