Una mujer embarazada condenada por ser cristiana

Una joven médico sudanesa, casada con un cristiano, es condenada a recibir cien latigazos y a morir en la horca.

Por todo el mundo estamos contemplando casos en los que las mujeres sufren la violencia generada, en mi opinión, por el propio miedo de los hombres a perder su estatus y su superioridad frente a la mujer. Tenemos muchos ejemplos: mujeres afganas, mujeres mexicanas, mujeres sirias… Todas ellas viven en sociedades que se rigen por los hombres. Ellos mandan y ellos deciden sobre la vida o la muerte de las mujeres de su sociedad. En esta ocasión vamos a revisar el triste caso de una mujer sudanesa, del que parece que ya están marcados todos los pasos que se van a seguir hasta acabar con su vida y del que esperamos que se pueda cambiar el rumbo.

La pasada semana surgió la noticia: una mujer sudanesa, embarazada y madre de otro bebé de 20 meses, era condenada a recibir 100 latigazos y a la pena de muerte por haberse casado con un hombre cristiano y renegar de la religión de su propio padre musulmán. Al casarse con su marido, se convertía al cristianismo, algo que no le perdonan los musulmanes. Para ellos, la mujer se debe regir por la religión de su propio padre y no puede, en ningún caso, cambiar de religión. Es por ello que en su país la han considerado adultera y apóstata, porque su casamiento con su marido cristiano no cuenta para los miembros de su sociedad musulmana.

Ella es una mujer culta, ya que es médico, es madre, es cristiana desde que se casó con su marido y es joven, 26 años. Pero nada de esto le sirve al juez que la ha condenado a la pena capital, ya que debe morir ahorcada. Y esto no sin haber sufrido previamente cien latigazos y haber tenido que vivir en la prisión junto a su bebé de 20 meses. Según el juez que la ha condenado a morir en la horca, ella será ahorcada una vez que haya tenido al bebé que lleva dentro y lo haya amamantado durante cerca de dos años.

Aparte de lo terrible de este caso – la condena a muerte y el castigo físico – también es destacable la injusticia que supone que ella, como mujer sudanesa, no pueda contraer matrimonio con un hombre que no sea de su religión, ya que, por ejemplo, un hombre musulmán puede casarse con quién quiera, sea de la religión que sea. Por este motivo es por lo que nos encontramos con una interpretación de la ley islámica sudanesa bastante machista y ultraconservadora que, si nadie lo impide, acabará con la vida de una mujer inocente.

Esperemos que la presión internacional pare este caso, que impidan que reciba el castigo de los latigazos y que la permitan vivir con sus pequeños y su marido. Esperemos que la razón entre en las mentes de quienes la han condenado y se den cuenta de que la vida debe ser respetada, por encima de las creencias religiosas. ¿Qué opináis vosotras?

Vía | abc.es

Foto | Sebastian Baryli

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