Obsesiones y adiciones del nuevo siglo

Hoy en día a pesar de tener grandes avances y estar tecnológicamente conectados al minuto, tiene sus inconvenientes en la vida de una persona, puesto que mientras más tenemos o contamos con más herramientas e información más adiciones generamos que comienza a ser obsesivas cuando vivimos por y para ellas.

Obsesiones como estar constantemente conectado a la red o al móvil, obsesionarse por tener una figura impecable y comprar convulsivamente porque se genera mucho estrés, son las llamadas adiciones de este nuevo siglo.


Una de las obsesiones que encabezan la lista, son el culto al cuerpo y tener la figura perfecta.  Todo esto puede generar hacia uan obsesión por la buena alimentación, que incluso puede  llegar al extremo de convertirse en ortorexia, basada en la necesidad de consumir solo comida biológicamente pura y evitar todos los alimentos que puedan resultar tóxicos.

Las mujeres quieren estar delgadas y los hombres, se matan en los gimnasios por tener un cuerpo musculoso. Esta aspiración puede llegar a convertirse en uno de los principales valores de la vida y en una obsesión por un cuerpo perfecto y musculoso y tiene un nombre, la vigorexia.

También hay una gran adición a las compras convulsivas. Comprar por comprar sin necesidad por el mero afán de gastar, es una enfermedad que afecta hasta un 30% de los españoles y el 5% son adictivos que no pueden pasar si ello. Evidentemente es un problema que afecta sobre todo a las mujeres en gran medida. Este afán consumista, que en inglés se conoce como «shopping spree» puede llegar a desencadenar una verdadera adicción que convierte el placer en sufrimiento: la obsesión lleva a efectuar compras a menudo compulsivas, que superan las posibilidades económicas.

Por otro lado las tecnologías forman parte de nuestras vidas. Aunque internet es  algo positivo, en personas con algún otro problema de fondo, como una depresión, la irrealidad de Internet puede suponer una vía de escape inicial para el usuario. El problema surge cuando la persona se aleja de la realidad y no la afronta, un hecho que termina por agravar y enmascarar la depresión.

Y es que en España, un 85% de la población adulta navega por Internet y un 5% abusa o hace un mal uso de esta actividad.

Imagen | bgr

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