¿Por qué leemos el horóscopo?

Da igual que la ciencia haya demostrado su falta de sentido. Nuestro cerebro y nuestras ganas de conocer nuestro destino nos hacen acudir a él una y otra vez.

Da igual que nos declaremos escépticas (o escépticos, que aunque en esto ganamos las mujeres, también hay mucho hombre adicto). Cuando abrimos un diario y vemos la sección de horóscopo, nuestros ojos se nos van inevitablemente a nuestro signo. Y leemos, con o sin incredulidad, lo que probablemente haya escrito un becario o un redactor en cinco minutos sobre nuestro devenir cercano.

Las que van un paso más allá puede que reciban su horóscopo diario en su e-mail, o en el Facebook. Ni que sea por curiosidad. Y otras tantas hemos consultado los rasgos de nuestra personalidad, o la compatibilidad con nuestra pareja, según determinan los astros. Ni que sea por curiosidad.

Pero la curiosidad de unos y la fe ciega de otros ha hecho que a día de hoy el horóscopo aún sea una constante en nuestras vidas. No importan todas las objeciones y preguntas que se han hecho desde el punto de vista científico, y que dejan la veracidad de esta pseudociencia a la altura del betún.

Entre sus motivos para negar la astrología hay algunos bastante fáciles de entender. Por ejemplo, que la posición de los astros está totalmente determinada por nuestra perspectiva. No vemos las mismas estrellas ni en la misma posición en España que en Argentina. Y del mismo modo, si estuviéramos en otro planeta de la Vía Láctea la posición de los astros en el cielo sería totalmente distinta.

Yendo más allá, se plantea la cuestión que la fuerza gravitatoria ejercida por el médico o la madre en el momento de nacer es millones de veces (e incluso miles de millones de veces) mayor a la que puedan ejercer las mareas o la Luna. Es más, se cuestiona porqué es el nacimiento el que define la personalidad y no el momento de la concepción, mucho más crucial desde el punto de vista científico a la hora de definir los rasgos del futuro ser humano.

Podemos leer estas razonas, podemos entenderlas y podemos estar de acuerdo. Pero seguimos acudiendo el horóscopo. Y más allá de astros y científicos, en este caso la psicología es la que tiene la respuesta.

Hay varias teorías, tanto basadas en la lectura como en la asimilación del contenido, que explican esta situación. En general hay algo que contribuye y mucho al fenómeno, y se trata de las descripciones y predicciones vagas que caracterizan los horóscopos. Adjetivos y rasgos con los que cualquiera puede sentirse identificado.

Otra contribución es que incluso las predicciones negativas lo son solo en parte y están predestinadas a pasar con rapidez. Son un pequeño bache sin importancia, igualmente aplicable a un mal día en clase que a la muerte de un familiar.

Y ahí va otra de las grandes bazas del horóscopo. Sus descripciones son vagas, pero nuestro cerebro hace mucho para interpretarlas a su favor. Decidiendo a qué aspectos de nuestra vida se refieren y obviando cualquier realidad que pueda contradecirlas. Nuestra vida es tan abundante en experiencias y emociones que casi cualquier cosa podría encajar en ella.

Nosotros hemos intentado hacer aquí un resumen general, pero si queréis conocer más detalles sobre las incongruencias del horóscopo y sobre su poder «adictivo», os recomendamos este artículo.

Foto: Morgan.

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