Zonas erógenas la clave del placer

Todo nuestro cuerpo es potencialmente erógeno. Si tan sólo nos limitamos a estudiar la zona genital, estaremos privándonos, por lo tanto, de sus muchas posibilidades. Extendiendo nuestros besos y caricias más allá de las zonas acostumbradas, ganaremos en placer e intensidad.

Las zonas más sensibles al placer son aquellas en las que el flujo sanguíneo es más intenso y eso ocurre, principalmente en la parte genital, sobre todo en el hombre, a que en la mujer está más distribuido.

Esto no quiere decir, sin embargo que el resto del cuerpo sea insensible. El cuello, la nuca, la raíz del cabello, los hombros, la espalda, el vientre, la cintura, las nalgas, las ingles, los pies e incluso los párpados pueden proporcionarnos una gran satisfacción.

Para sacar el máximo partido de estas caricias insólitas, es necesaria la máxima relajación de los dos miembros de la pareja. Un ambiente cálido y confortable, puede servir de gran ayuda para dejarse ir y disfrutar al máximo.

Es conveniente,  avanzar poco a poco. Se trata de caricias a las que no estamos acostumbrados, por lo que es posible que necesitemos un poco de tiempo para habituarnos a ellas. Estar atentos a los deseos de nuestra pareja nos servirá de guía.

Imagen | tendencius

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