Cuándo la Navidad se convierte en una obligación

Las fiestas de Navidad conllevan ofrecer un espacio y un tiempo para los demás, pero sin olvidar que debemos guardar un tiempo íntimo para nosotros y nuestros hijos.

Navidades en familia

Cómo cada año llegan las fiestas de Navidad y con ellas un sinfín de celebraciones y reuniones familiares que, si no se organizan bien, pueden acabar en discusiones de pareja. Pero además, si no se organizan la Navidades con cuidado puede incluso que acabemos odiando estas fechas que se suponen que son entrañables y familiares. Lo primero que me gustaría recalcar es que soy una persona que siempre ha vivido la Navidad con suma ilusión, pero hay aspectos familiares que podrían hacer que incluso, acabe deseando irme todas las fiestas a algún lugar donde no me conozcan y pueda disfrutar en la más estricta intimidad de estas fechas tan significativas.

Cómo se ha llegado a la costumbre año tras año

No sé muy bien si ha sido este lapsus de años de bonanza económica lo que ha hecho que las familias tengan la necesidad de reunirse la noche de Nochebuena, el día de Navidad, el día de San Esteban (en Cataluña es festivo), la noche de Fin de Año, el día de Año Nuevo o el día de Reyes, pero lo cierto es que si no nos andamos con cuidado, lo que se hace en un momento dado por gusto, puede acabar siendo una obligación y esto, puede no sentar bien y puede hacer que los sentimientos por la Navidad, cambien. Me refiero a que los padres de niños pequeños nos vemos en la tesitura de que al tener los niños pequeños, tenemos, por obligación que estar en casa de unos abuelos, o en casa de los otros. Sin darnos cuenta, nos vemos involucrados cada Navidad, durante todas las fiesta señaladas, metidos en casa de alguien, o lo que es peor, en la nuestra con toda la familia.

Cómo influye esta obligatoriedad en los sentimientos de la mujer

Como madre, me doy cuenta de que esto supone que realmente yo no disfruto de mi hija como hice yo misma antaño con mis padres y mis hermanos, bien porque si estoy en casa de alguien los niños se dispersan y no estas tanto con ellos o bien porque si se hace en tu casa tienes tanto trabajo que los disfrutas menos todavía. Por tanto, lo que hasta ahora siempre han sido fechas señaladas y de suma felicidad, se van convirtiendo cada año en fiestas de obligación que me crean ciertos sentimientos de agobio, que incluso, pueden afectarme en las relaciones familiares. Cada año intento luchar por conseguir no tener tantas cenas o comidas obligatorias, pero como cada año tendremos que seguir el ritual como si fuera un guión, un guión que se escribió en su momento bajo unas circunstancias, pero que si cambias de opinión, puede no agradar a los familiares y pueden verte como la ‘mala’ de la película.

Encontrar el equilibrio podría ser la solución

Como mujer siento que tengo la necesidad de evitar tantas obligaciones para vivir intensamente momentos de felicidad junto a mi familia más directa, los míos, los de cada día, pero también pienso que ello puede afectar a mi pareja, porque  el hecho de estar con su familia, es decir mi familia política, puede ser para él una necesidad que también tiene que ser respetada. Por lo tanto, el tema acaba siempre de la misma manera, o sea, en casa de la familia de alguien. Pienso que con esto hay que tener cuidado, sobre todo si la persona que asiste a la casa de la familia política, no está de acuerdo y va a regañadientes. Para conseguir una buena armonía familiar sería mejor evitar conversaciones en las que puedan surgir discusiones o temas delicados, también hay que ser respetuosos y pensar, que aunque a los mejor nos haya tocado estar en un sitio que no nos apetezca demasiado, al día siguiente podemos organizar algo divertido con nuestros hijos para compensar y buscar esos momentos de añoranza navideña.

Personalmente, en esto de tener la obligación cada año de ir a casa de alguien, es que  pienso que tiene que haber un equilibrio entre las relaciones familiares y conseguir que la familia propiamente pueda tener un espacio para ella, en la más estricta intimidad. No conseguirlo puede provocar sentimientos indeseados y que incluso, se llegue a decisiones demasiado drásticas, como por ejemplo, acabar decidiendo: ‘en casa de nadie y punto’. Para evitar llegar a esos extremos hay que conseguir que la familia entienda que el equilibrio es necesario y que no se puede imponer nada, que la decisión debe ser consensuada por ambas partes de la pareja y que se debe hablar antes de que lleguen las fiestas de Navidad, para evitar que los conflictos oscurezcan tan entrañables fechas.

Nuestra actitud frente al consenso

También es importante nuestra actitud, claro está, ya que si al final se ha llegado a un consenso lo mejor es intentar disfrutar de las fiestas. Para conseguir tener buen ambiente, es importante que la pareja haya sabido organizarse, saber que quiere cada parte e intentar agradar a cada familia por igual, equitativamente. Porque lo que no se puede hacer es que solo se pasen las fiestas en casa de una misma familia, porque eso, si una de las partes no está de acuerdo, al final acabará pasando factura. ¿Qué opináis vosotras? ¿Os veis cada año en la obligación de asistir en cada una de las fechas señaladas de Navidad a casa de algún familiar? ¿Os gustaría tener unas fiestas navideñas donde algunas de las celebraciones fueran estrictamente íntimas con vuestros hijos?

Imagen | Divine in the Daily

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