¿Puedes medir tu nivel de estrés?

Estos son los métodos que existen para medir el nivel de estrés

Estrés

Tal y como señalan los expertos, el estrés es una de las principales enfermedades del siglo XXI. Según los resultados del ‘Estudio CinfaSalud’, publicado recientemente, el 90% de la población sufre estrés, y 4 de cada 10 españoles lo sufren de manera crónica. El estrés mantenido en el tiempo puede tener graves efectos en la salud tanto física como mental, así que resulta de especial interés conocer cuáles son los síntomas de alarma y cómo medir los niveles.

El estrés puede ser positivo o negativo. Es positivo cuando la persona interpreta que las consecuencias de la situación serán favorables para sus intereses. Por el contrario, si percibe que dichas consecuencias serán perjudiciales, el estrés será negativo.

Estrés: qué es y síntomas

Según la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), el estrés es una sobrecarga para las personas que depende principalmente de dos factores: las demandas de la situación y los recursos disponibles para afrontarlos.

Los síntomas más comunes afectan en el estado emocional, físico, cognitivo y de conducta. Además, con el paso del tiempo aparecen problemas de memoria y de atención, así como dificultades para dormir y alteraciones del apetito.

«Mientras se trabaja a un ritmo trepidante, los niveles de cortisol y adrenalina son elevados. La adrenalina hace que nuestro sistema inmunológico esté más fuerte y el cortisol actúa como antiinflamatorio, todo ello para que podamos aguantar largas jornadas. En cambio, cuando entramos en ‘modo vacaciones’ estos niveles de hormonas disminuyen, con lo que nuestro sistema inmunológico se deprime y podemos enfermar con más facilidad o tener algunos problemas de salud», explica Sílvia Sumell Canalda, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), según recoge la revista ‘Consumer’.

Existen algunas señales que permiten identificar que algo va mal. Por un lado, las emociones negativas prolongadas, como la desesperanza, la ansiedad, la irritabilidad, el nerviosismo y la confusión. Por otro lado, la falta de concentración en la vida tanto personal como laboral, provocada por los pensamientos repetitivos y la anticipación de eventos negativos.

A esto hay que sumar las alteraciones físicas, como cansancio sin razón aparente, malestar de estómago, estreñimiento o diarrea, dolores de cabeza frecuentes, sequedad en la boca, taquicardia, piel seca… Y, por último, cuando los niveles de estrés son elevados durante un periodo de tiempo continuado, aparecen cambios en la conducta, como impulsividad o llanto fácil.

Métodos para medir los niveles

Aunque parezca algo muy complejo, existen formas de medir el estrés. Una de las más empleadas es la Prueba Hormonal de Valoración del Estrés. Se trata de un test hormonal desarrollado por los laboratorios europeos Synlab, que mide la presencia de dos hormonas: cortisol y dehidroepiandrosterona (DHEA) en la saliva.

El organismo produce cortisol, una hormona que prepara al cuerpo para afrontar una situación de estrés puntual. Sin embargo, la producción sostenida de cortisol puede ser dañina y, para contrarrestar este efecto nocivo, el organismo produce otra hormona llamada DHEA.

La Autoevaluación de la SEAS consiste en preguntar a la persona que va a ser evaluada por la frecuencia o la intensidad con que experimenta un conjunto de síntomas cuando se encuentra en una determinada situación estresante o cómo percibe la situación. La suma total de las puntuaciones se compara con las de una muestra amplia de personas que previamente han respondido a las mismas cuestiones.

La herramienta Stress Visualization Experience, desarrollada por la norteamericana Cigna, analiza parámetros físicos para conocer el nivel de estrés al que está sometida una persona. En concreto, a través de unos sensores que se colocan en la cabeza y las manos, mide la frecuencia cardíaca, las ondas cerebrales y la sudoración, y relaciona los tres indicadores.

Por último, cabe señalar que el estrés es una respuesta natural del organismo ante las situaciones que percibe como un desafío, una alarma o un problema. Para hacerle frente, intenta adaptarse a esas situaciones, y esto implica poner en marcha una serie de procesos fisiológicos, cognitivos, emocionales y de conducta. El objetivo es resolver ese desafío o amenaza. Una vez resueltos, todo vuelve a la normalidad. El problema surge cuando no es posible controlar la situación. En estos casos, los procesos se mantienen activos durante un largo periodo y pueden volverse crónicos.

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