5 cosas que pensabas eran saludables, y no lo son

¿Eres de las que estás poniendo en marcha mitos de la alimentación en tu día a día incorrectos? Compruébalo cotejando estos cinco hábitos poco sanos.

frutas para cenar habitos poco saludables

La salud es lo más importante. ¿Cuántas veces no habrás oído eso? Aunque lleves a la práctica una vida saludable, lo cierto es que hay muchos mitos sobre la vida sana que se ponen en práctica de forma contraria. Es decir, pensamos que se trata de prácticas saludables y no lo son. No es la primera vez que en Centro Mujer te hablamos de mitos de la alimentación, ni tampoco de la importancia de poner en marcha dietas equilibradas si buscas perder peso. Sin embargo, viendo que cada vez son más los bulos que aparecen en la red, hemos decidido retomar el tema.

Lo que te vamos a mostrar hoy son cosas que habitualmente hacemos cuando queremos mejorar nuestro bienestar físico. Hábitos que estás considerando saludables y que, por razones que no conoces, no deberías mantener. Así que, si 2017 es el año en el que pretendes cambiarlo todo, pero sobre todo, apostar por una salud y forma física óptimas, te conviene tomar nota de todo lo que te contamos a continuación.

Hábitos de alimentación que tienes que cambiar ya

Los que te mostramos a continuación son mitos de la alimentación que están muy extendidos. Precisamente por ello, te damos una explicación lógica y razonable de por qué están mal. Te invito a que comentes la información que hoy compartimos contigo con familiares y amigos. Solo con la información real se pueden cambiar todas esas costumbres que están haciéndole un flaco favor a nuestra salud y bienestar físico. ¿No te parece?

  1. Te cambio la cena por fruta. Seguro que lo has hecho alguna vez. Se trata de una costumbre muy habitual cuando se decide poner en marcha una dieta de adelgazamiento. Sin embargo, si lo consultas con un especialista en nutrición, rara vez te lo va a recomendar. ¿Por qué? Aunque tenga pocas calorías, la fruta contiene un montón de hidratos de carbono en forma de azúcar. Además, su configuración es la de absorción rápida. Eso significa que si no los consumes, se convertirán en grasa que tu cuerpo almacenará. Precisamente porque después de cenar es muy raro hacer actividad, lo mejor es pasar esa ración de fruta a media mañana, o a media tarde, eligiendo otros alimentos para la cena.
  2. Decirle adiós al gluten. Salvo que tengas intolerancia a esta proteína, no te aconsejo en absoluto que optes por este tipo de productos. Además de que pagarás mucho más dinero, estarás privando a tu organismo de una fuente natural de proteínas que contienen los cereales. Eso significa que para el mismo producto, ingerirás prácticamente todo hidratos de carbono. ¿Sabías que los hidratos no deberían consumirse solos porque el cuerpo tiende a digerirlos más fácilmente y a convertirlos en grasa con mayor facilidad? Siempre los deberías acompañar de alguna proteína.
  3. No tomar leche. Está muy de moda sustituir la leche por otros preparados. Sin embargo, que sea tendencia no implica que resulte saludable. Los nutricionistas ven muy complicado encontrar otros productos en el mercado que se parezcan, en cuestión de propiedades, a la leche. Es uno de los alimentos más completos que existen, y no existe otro igual. Además, suprimirla puede suponer un déficit de calcio y de vitaminas A, D, E y B. Por lo tanto, te recomiendo que recuperes la leche en tu dieta.
  4. Los lácteos desnatados. Aunque con la dieta siempre se eligen los productos desnatados, esto podría resultar contraproducente si se consumen en exceso. De hecho, en el desayuno se recomienda la versión entera. ¿La razón? Es saciante y evita hacerte picar entre horas. Además, la grasa que contiene produce un efecto de regulación del peso de tu organismo.
  5. Las grasas que necesitamos. Si estás a dieta y has eliminado todas las grasas, debes saber que lo estás haciendo mal. Tu cuerpo las necesita diariamente, además de que contienen muchos oligoelementos que no somos capaces de producir. Lo mejor es elegir las más saludables, como el aceite de oliva, y adaptarlas a las cantidades que se necesitan para mitigar la ingesta calórica. Vivir sin grasas no es posible, al menos no se puede hacerlo sin renunciar a una vida saludable.

¿Cuántas de las prácticas que hemos mencionado hoy sobre alimentación no saludable estabas dando por buenas en tu dieta diaria? ¿Se te ocurre algún otro mito de alimentación que no hayamos citado?

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