¿Chequeos los justos y necesarios?

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Los chequeos profundos sabemos que permiten controla el estado de salud general y detectar algunas enfermedades de forma precoz y son recomendables. Pero la gran pregunta es ¿todas las pruebas son imprescindibles?

Ahora con la nueva ley de salud pública, plantea la necesidad de reducir al mínimo el número de pruebas diagnosticas, todo ello se deriva en parte a que hay ciertas pruebas que extrañan cierto riesgo y de ahí se deban limitar ya que ciertos exámenes tienen cierto riesgo y, lo más importante también están los ‘falsos positivos’.


De ahí es mejor tener en cuenta una serie de aspectos en cuanto a las pruebas necesarias, tiempo y para qué sirven y así tener una guía.

  • Mamografías. Permiten detectar tumores u otras alteraciones de la mama. A veces es necesario acompañarla de una ecografía o de una biopsia con aguja fina. Se la tienen que hacer todas las mujeres sanas a partir de los 45 años.

Consiste en colocar la mama sobre una superficie plana que contiene la placa de rayos X. Con un dispositivo llamado compresor se presiona para ayudar a aplastar el tejido de la misma. Las imágenes de rayos X se toman desde diferentes ángulos y la mujer debe contener la respiración cada vez que se hace un disparo de rayos X.

  • Colonoscopía. Es el mejor método para diagnosticar el cáncer de colon. Además, permite descubrir y extraer pólipos que deben analizarse para determinar su naturaleza, algo que ha demostrado ser sumamente eficaz en la prevención de tumores intestinales.

Se le deben hacer mujeres a partir de los 50 años. Esta prueba debe realizarse cada diez años. Consiste en un examen interno del intestino grueso y parte del hígado empleando un instrumento llamado colonoscopío, que consiste en una pequeña cámara adherida a un tubo flexible. En algunos casos, se realiza con sedación para evitar molestias.

  • Citología. Se utiliza como cribado del cáncer de cuello de útero. No es una prueba diagnóstica porque, cuando hay lesiones sospechosas, se necesita la realización de una biopsia. Todas las mujeres a partir de los 25 años se deberían de hacer una revisión cada tres años.

Consiste en una espátula de madera, un cepillo o una esponja de algodón, el médico raspa suavemente la superficie del cérvix para recoger células, y también  toma muestras del interior del canal cervical insertando una torunda de algodón. Las células se envían al laboratorio para un análisis microscópico.

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