¿Cómo descubrir si eres o no intolerante a la lactosa?

Cada vez se toma más conciencia de que la intolerancia a la lactosa no es algo puntual, sino que afecta a muchas personas. ¿Eres tú una de ellas?

¿Y si soy intolerante a la lactosa?

En España, una de cada tres personas sufre síntomas de intolerancia a la lactosa, una de las más habituales en prácticamente todo el mundo. Es un padecimiento común para muchas personas que se produce cuando el organismo no es capaz de procesar correctamente los productos que contienen lactosa, presente principalmente en los lácteos.

Cuando se dice que una persona es intolerante a la lactosa, vienen a la cabeza numerosas preguntas: ¿Qué es exactamente la lactosa? ¿Cuáles son los síntomas de su intolerancia? ¿En qué alimentos se encuentra? A continuación, todas las respuestas acerca de esta intolerancia.

Lactosa y lactasa

La leche contiene grasas, proteínas y azúcares, entre ellos, la lactosa, (azúcar de la leche). Es el más conocido e importante, que se descompone a través de una enzima llamada lactasa en otros dos azúcares más simples (glucosa y galactosa), permitiendo su absorción. Este proceso tiene lugar concretamente en el intestino delgado, órgano donde la glucosa es absorbida por el torrente sanguíneo.

La leche y los lácteos son alimentos básicos en nuestra dieta, sin embargo, no todo el mundo los tolera bien. Debido a un mecanismo genético, a partir de la infancia, muchas personas pierden la capacidad de producir correctamente lactasa, la enzima que hace posible digerir la lactosa. Esto se traduce en que, cuando existe un déficit de lactasa, la lactosa pasa al intestino grueso sin descomponerse y empieza a fermentar, dando lugar una serie de síntomas molestos.

Lo que hace, por lo tanto, que los lácteos sean difíciles de digerir es su contenido de lactosa. Todos nacemos con buenos niveles de lactasa, pues necesitamos de la leche materna para nuestro crecimiento y subsistencia. Pero a medida que vamos creciendo los niveles de lactasa en nuestro cuerpo se reducen ya que al empezar a comer de todo dejamos de necesitar leche para subsistir.

Sin embargo, de adultos se sigue consumiendo leche y sus derivados, aunque el cuerpo no la necesite, ya que el calcio se puede obtener de otros alimentos, pero el organismo, al tener menos enzima lactasa, no digiere los lácteos del mismo modo que cuando era un bebé. Esto, con el tiempo, puede conducir a que, si se tiene un nivel muy bajo de esa enzima, aparezca la intolerancia a la lactosa.

Síntomas de intolerancia a la lactosa

Si bien es cierto que a todos los adultos les cuesta digerir los lácteos, no todos son intolerantes. Las señales de intolerancia a la lactosa se manifiestan al tomar productos como leche, queso (especialmente quesos frescos), yogur, helados y alimentos con alto contenido lácteo.

Los síntomas son los siguientes: digestión pesada, inflamación estomacal, acidez, náuseas, cólico y dolor abdominal, gases (normalmente con olor fétido), distensión abdominal, estreñimiento o diarrea, problemas de piel, picores, rinitis, cambios de humor, depresión, etc.

Cómo has podido comprobar son síntomas muy generales e inespecíficos que pueden aparecer ligados a muchas otras enfermedades, por lo que si se manifiestan tras tomar lácteos y piensas que tienes intolerancia a la lactosa lo mejor es consultar a tu médico. La intolerancia a la lactosa es sencilla de detectar médicamente, y cuanto antes se haga mejor, mediante las siguientes pruebas: test de intolerancia, test genético, biopsia intestinal, test de hidrógeno espirado y acidez de las deposiciones.

La intolerancia a la lactosa repercute en nuestra calidad de vida, aunque tampoco hay que alarmarse si un intolerante ingiere lactosa, no hay que preocuparse en exceso, simplemente sabes que vas a sufrir una serie de síntomas desagradables, que irán remitiendo a medida que vayas eliminando de tu organismo la lactosa no digerida. Hay que tener paciencia y esperar a recuperarse.

Alimentos con y sin lactosa

Si eres intolerante a la lactosa, el médico te recomendará llevar una dieta determinada para obtener de otros alimentos calcio, vitamina D, riboflavina y otras proteínas; y para saber cuánta lactosa puedes ingerir al día sin sentir molestias o malestar, porque no todos poseen el mismo nivel de intolerancia.

No se trata sólo de excluir la leche y productos lácteos derivados: batidos de leche, queso fresco, cuajada, yogures, natillas, arroz con leche, nata, mantequilla y margarinas. La lactosa se encuentra también presente en muchos otros alimentos como el pan de molde y la bollería, los embutidos, las carnes procesadas, los cereales, los pasteles, el chocolate, los purés de patatas y sopas elaboradas o enriquecidas con leche o lácteos.

La mejor manera de saber si un alimento tiene lactosa es leer el listado de ingredientes, ya que, por suerte, la normativa vigente de etiquetas obliga al fabricante a exponer con claridad y de forma destacada (en tamaño o negrita) la presencia de los 14 principales alérgenos, entre ellos la leche y sus derivados, incluida la lactosa.

Pero no necesitas prestar especial atención con aquellos alimentos que no contienen lactosa y se pueden tomar sin riesgo: fruta natural, frutos secos, pescados, mariscos, cereales, huevos, miel, mermelada, patatas, arroz, pasta, verduras, carnes blancas y rojas, legumbres, bebidas de soja, coco, avena, arroz, leche de almendras, etc.

A la lista de alimentos anteriores les puedes sumar otros que actualmente existen en el mercado, no sólo leches, sino muchos más productos lácteos sin lactosa como batidos, quesos, natas, mantequillas, yogures, flanes, etc., que son absolutamente seguros y mantienen todos los nutrientes del alimento original: proteínas, vitaminas, grasas y azúcares.

Una última opción es tomar suplementos de lactasa en pastillas que te permiten consumir productos lácteos de forma puntual, especialmente cuando no se puede controlar lo que se come, como en una boda o una cena de trabajo.

Ya ves que ser intolerante a la lactosa no es tan grave, ni resulta excesivamente complicado, pero es conveniente que lo sepas para ponerle remedio. Cuidándote un poco y prestando especial atención a la alimentación no tendrás ningún problema de salud.

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