De frigidez a frigidez

En esta entrada veremos lo referente a la complejidad que supone hablar de la frigidez en la mujer.

Hasta hace algunos años, la frigidez era un tema al que nos e tenía mucho acceso. Había que ser médico, psicólogo o tener a estos profesionales de la salud entre su círculo cercano de amigos, para poder tener alguna información al respecto. Afortunadamente la Internet ha sido una fuente de conocimiento en este tema y, más recientemente, los programas de sexo de la televisión. Si no era por estas vías, la frigidez era desconocida por el hombre hasta que no se topara con una mujer que la padeciera. Pero, esa escena debe ser harto complicada para el hombre que aún no tiene claro el tema de la existencia de la frigidez femenina o que no sabe distinguir entre los tipos de ésta o, peor aún, que no sabe que pueda existir. Es evidente que si un hombre hace todo lo correcto durante la tensión sexual, y la mujer no da respuestas, aunque sea reflejas, el sentimiento de culpa recae sobre él, asumiendo que hay algún sentimiento de por medio en aquella relación.

imagen tomada de Flickr por ckaroli

Principalmente, podemos hablar de dos tipos de frigidez. La primera de ellas se presenta como un escenario en que la mujer, pese a ser estimulada por el hombre, no es capaz de generar una respuesta sexual efectiva y proporcional a los estímulos recibidos. La respuesta en este escenario puede ser mínima o ser nula de plano y ni siquiera poder obtener una lubricación natural y adecuada de su vagina. El segundo escenario se presentaría para una mujer que es estimulada sexualmente de manera correcta y ella responde a estos estímulos de manera proporcional, tienen una adecuada lubricación de la vagina pero es incapaz de poder alcanzar el orgasmo. Incluso algunos sexólogos, refieren que, en este segundo escenario, las mujeres pueden alcanzar el orgasmo pero lo experimentan con gran dificultad y de manera muy esporádica.


También se habla del primer escenario, haciendo referencia a que estas mujeres pueden tener deseos y anhelos de hacer el amor pero no consiguen obtener respuestas sexuales adecuadas en forma de recepción y emisión de estímulos. Al hacer estas consideraciones, también habría que incluir a la mujer que nunca ha tenido placer sexual con ninguna persona ni en ninguna situación y que por tanto son indiferentes al erotismo.

Para terminar de complicar la figura, también debemos traer a escenario los distintos tipos de orgasmo que puede llegar a experimentar la mujer. Se habla de un orgasmo a nivel vaginal exclusivamente, inducido por el mero hecho de la penetración, pero también se habla del orgasmo a nivel clítoris, obtenido muy rara vez por la mera penetración y que requiere de una estimulación directa y casi siempre manual de este diminuto órgano. Incluso se habla en niveles más profundos, y no sólo físicos, como lo puede ser a nivel de la zona pubiana, sino a nivel psico-espiritual. Como vemos, el tema no es nada fácil de administrar. Lo que es claro, es que el orgasmo brilla por su ausencia en estos casos. Se ha logrado cierto consenso en referirse a este tema como la anorgasmia de la mujer, independiente del tema de las causas que lo afectan. Este término se refiere a una disfunción ya sea cualitativa o cuantitativa de una función orgánica. Si hablamos de porcentajes, veremos que alrededor de un 30 % de las mujeres pueden alcanzar el orgasmo sin que haya habido una estimulación directa al clítoris, es decir sólo con la penetración.

Imagen tomada de Flickr por Camila

Por otra parte, existe un 50 % de mujeres que necesitan la presencia de estimulación directa del clítoris para alcanzar el orgasmo. El otro 20 % haría referencia al sentido estricto de la palabra frigidez. De ese porcentaje, un 10 % no experimentan el orgasmo de ninguna manera y el otro 10 % no alcanzan el orgasmo con un compañero determinado. En cuanto a las causas de la frigidez, pues muchos factores se suman desde los planos físicos hasta los planos mentales. Una “simple” diabetes o hipotiroidismo se podría traducir en un mal irrigo de sangre hacia la zona genital, bloqueando los estímulos y las respuestas o podría tratarse de una compleja situación familiar, sembrada en la niñez temprana y cosechada en la edad adulta, o una combinación de estos factores y más. Ciertamente, la mujer que no es capaz de advertir el origen del problema, debe solicitar ayuda profesional ya sea fisiológica o psicológica. Es ella misma, con la ayuda de este soporte profesional la que dará el gran salto para la resolución del problema. En definitiva, sería un error muy grave, enmascarar la situación con orgasmos fingidos. Por su parte, el hombre también tiene que hacer su parte y comunicarse mucho con la pareja, no solo en la cama sino en su vida diaria. No solo buscar su satisfacción personal sino la de la pareja como conjunto.

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