Desmontando mitos sexuales

Como uno de los mayores placeres de la especie humana, sobre el sexo planean siempre toda una serie de a veces excesivos estudios, análisis, creencias, doctrinas, y también, claro está, mitos que al fin y al cabo lo complican todo. Es normal que desde tiempos inmemoriales el hombre y la mujer hayan querido dominar su sexualidad y la ajena, para ser capaces de disfrutar de las relaciones sexuales lo mejor posible. Y por ello es que han corrido tantos ríos de tinta al respecto, buscando dilucidar la manera más apropiada de actuar en cada caso, o sabiendo por lo contrario que hay que evitar para tener una sexualidad plena.

Idealizar y mitificar nunca es bueno, y menos en las relaciones sexuales

Sin embargo, no todo es oro lo que reluce, y a menudo nos llega mucho «ruido mediático» que distorsiona nuestra información correcta sobre el tema. Estas falsas creencias que se extienden rápidamente hasta generalizarse y ser tomadas como ideales o ciertas solemos conocerlas como mitos sexuales. Normalmente no se basan en ningún razonamiento fundamentado ni en nada contrastable, pero no por ello dejan de conseguir popularizarse rápidamente, gracias a que muchas veces las personas creemos más en lo que queremos oír que no en la realidad.

A veces estos mitos sexuales nos vienen impuestos por la idealización que la cultura popular y mediática hace de ciertos temas, como por ejemplo el mundo del cine, y también el porno. Las escenas de cama en las películas, cualquiera salida da la misma factoría de Hollywood, están claramente creadas siguiendo unos patrones visuales y estéticos concretos para que resulten atractivas al público dentro del código cinematográfico. Y cuando la realidad no se corresponde con esas imágenes en pantalla, eso no significa ni que nos estén mintiendo ni que lo estemos haciendo mal, simplemente tenemos que saber valorar la parte de artificio que hay en el arte del cine. Que el coito se realice de forma perfecta, casi con orgasmo sincronizado entre los dos miembros, se explica por el tiempo limitado del cine, que todo lo comprime.

Pero estas desafortunadas creencias a menudo se filtran entre generaciones, y se van convirtiendo en «vox populi» de un lugar, lo que las fortalece aún más. El problema de ello es precisamente que se arraiguen hasta el punto de que se crea más en la ficción que en la realidad, lo que puede conllevar una salud sexual poco sana. Y es que la salud sexual no solo se mide en cuestiones físicas, sino también en psicológicas, y tomar ciertas falsas creencias como ciertas nos puede llevar a la frustración en muchos aspectos.

Así pues, los mitos sexuales, aunque parezcan poco más que algo que tomarse con humor en reuniones entre amigos, son una cuestión preocupante que pueden llegar a ser muy perjudiciales en algunas personas que se obsesionan con ello. Hay que estar preparados para saber percibir lo que es verdad y lo que es puro fruto de la imaginación popular, y para ello a veces lo mejor es recurrir a información veraz y contrastada para salir de dudas.

Foto: David Compton

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