¿Dónde se originan las parafilias?

En esta entrada vemos cuál es el origen de las parafilias y cómo estas casi siempre se gestan en la niñez y temprana adolescencia

Las desviaciones sexuales son un tema que todo el mundo tiene presente como concepto. Estas se conocen ahora con el nombre de parafilias. Pero ni para la misma comunidad de psicólogos y sexólogos está aún claramente definido el origen de las parafilias. Ciertamente el seno familiar se convierte en el primer lugar donde podemos avistar los fundamentos de la misma. Quizá podemos encontrar el periodo de gestación de las parafilias en la mala conducción que muchos padres realizan acerca de los temas sexuales en el hogar. Las conductas represivas o evasivas no cierran puertas sino que abren otras, con contenido más peligroso para los niños.

La sexualidad infantil siempre estará presente, como bien lo apuntó Freud en su momento –con todos los problemas que se ganó por ese postulado-, sólo que no se manifiesta como en la esfera adulta sino más bien en forma lúdica, con representaciones y simbolismos. El asunto está en darse cuenta que el niño es un adulto pequeño, en tal sentido la sexualidad es un rasgo inherente a este como persona y si ve que las puertas del camino regular de la misma se cierran, buscará camino alternos por donde continuar su marcha. El peligro se cernirá entonces a cada momento y el niño entrará en una suerte de ruleta rusa por esos caminos, cada uno más peligroso que el otro. Se ha visto que las personas que desarrollan alguna parafilia no provienen de una familia en la que se haya dado algún otro caso de parafilia.

Imagen tomada de Flickr por coliita

Por tanto, vemos que las parafilias no son hereditarias ni tampoco se aprenden por imitación sino, muy probablemente, por prohibición. Las parafilias nacen, básicamente en la infancia y en la temprana adolescencia cuando el niño empieza a descubrir un nuevo mundo, nuevos códigos. Al respecto, varios escenarios se le pueden presentar. Echemos una ojeada. Un caso puede darse a partir de una experiencia accidental. Por ejemplo, un niño al que se le está cambiando la ropa, puede ser tocado accidentalmente en sus genitales y éste podría excitarse a partir de esa acción. Si esa acción viene a coincidir justamente con que el niño tuvo la mirada fija en los senos grandes de la mujer que lo cambiaba, quizá pueda desarrollar una fijación hacia las mujeres con este tipo de senos.

Ya en la adolescencia, esta imagen puede manifestarse nuevamente y el joven se masturbará fantaseando con los senos voluptuosos. Bien este acontecimiento aislado puede ser suficiente para desencadenar por sí mismo una parafilia o bien pudo no haber pasado nada. Por otra parte, podría haber hecho falta una serie continua de estos episodios fortuitos para que se desencadenase la parafilia. Finalmente va a depender de cada individuo y no podemos enunciar una regla general. Esto a su vez nos lleva a otro concepto, el de las experiencias repetidas. Dentro de este podemos citar los casos de padres que visten a sus hijos con ropa perteneciente al sexo contrario ya que esperaban tener un hijo del sexo opuesto o las niñeras que hacen lo propio con los niños.

En estos casos el niño puede estar sentado las bases para un posterior travestismo. Otra figura común de repetición es el niño que ve a sus padres sosteniendo relaciones a escondidas. Aquí podría desarrollar la parafilia del voyeurismo que se manifestaría más adelante. Pero no hay nada seguro, aunque ciertamente las probabilidades aumentan. Los castigos físicos también tienen cabida dentro de esta categoría y se pueden transformar más adelante en conductas parafílicas que se orientan hacia el sadismo y el masoquismo. Todo esto hace indicar que las bases se sientan en la niñez y que los cambios hormonales de la pubertad son el gatillo que puede disparar o no el desarrollo de las parafilias entrando en juego otros factores como una adecuada educación o un replanteamiento de la misma libre de tabúes.

Otro escenario en el que se puede desencadenar las parafilias es en la adolescencia y más concretamente en las fantasías sexuales que asisten a la masturbación. Si estas poseen un contenido que favorece la parafilia pueden retroalimentarse entre sí. Por ejemplo el voyeurismo o el exhibicionismo, así como el travestismo. En general, cuando las fantasías contienen imágenes poco frecuentes, se puede estar gestando una parafilia. Otro escenario se puede presentar en la edad adulta cuando se da la llamada búsqueda de experiencias nuevas. Esto se da generalmente en personas que han sido reprimidas en la niñez y en la adolescencia, así como en la temprana adultez. Cuando llegan a una edad más madura y más solvente dan el grito de libertad abordando experiencias que salen de los marcos convencionales.

Imagen tomada de Flickr por twred

En esta etapa, los adultos suelen experimentar las prácticas bisexuales o el intercambio de parejas. Según los especialistas estas prácticas pueden catalogarse como normales y producto de la curiosidad o el afán explorador inherente al ser humano, sobre todo si se contrastan con otras prácticas que no vienen al caso y que resultan de un cierto grado de perversión como el sadismo o el masoquismo, además del propio voyeurismo. Ellos sostienen que los casos de bisexualidad o swingers y hasta el uso de artefactos sexuales, pueden no traer consecuencias para su vida sexual como si lo pueden traer las prácticas de sexo en grupo o el exhibicionismo.

Por cierto que estas parafilias pueden traer un ingrediente adictivo ya que se cree que el perverso no se termina de saciar nunca y a su vez erotiza esa insaciabilidad. La cosa no queda allí y la estadística nos enseña que la parafilia en la edad adulta busca su legitimación, muchas veces a través de contratos escritos que se establecen entre las partes. La principal diferencia entre el parafílico y el curioso es que aquel siempre retrocede para quedar en posición de avance infinito y el curioso simplemente tiene unas cuantas experiencias que son auto limitantes. Finalmente entre las causas de la parafilia, habría que mencionar el descubrimiento que se hizo de la relación existente entre la epilepsia del lóbulo temporal y algunas parafilias como el fetichismo y el travestismo compulsivo.

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