El sexo con psicología es mucho mejor

Los problemas de pareja ocasionados por el sexo son cada vez más frecuentes. Por ello, un psicólogo que esté especializados en este temática es básico.

Los problemas sexuales provocan tensiones en la pareja

Aún recuerdo cuando no hace tampoco demasiados años hubo una gran polémica con un programa televisivo que versaba sobre sexo. Sí, aquellos que ya hayan pasado la treintena seguro que se acuerdan de la doctora Ochoa y su Hablemos de sexo. Este pionero programa televisivo empezó a tratar ese tema tan tabú, sobre todo en esos años iniciales de la última década del siglo pasado. Era una España mucho más inocente que la actual y ver por televisión que se hablaba de pene, orgasmo o felación provocaba una gran incomodidad para muchos espectadores. Fueron 4 años de un programa que cambió la forma de entender esa parte tan íntima de la relación entre dos personas.

El caso de que Elena Ochoa sea psicóloga mucho tiene que ver con esa sensibilidad especial que se debe tener cuando se habla de ese tema tan delicado e íntimo. Si te gustaría aprender esta faceta de entender las intrincadas personalidades del ser humano, mejor será que no te pierdas la selección de formaciones que hay y te apuntes a un curso de psicología.

Como la psicología es un campo tan amplio, uno de los que se centran específicamente en la sexología es el de Experto en sexualidad. Terapia sexual y de pareja. Bajo este clarificador nombre se esconde un curso más que interesante que contiene un curso lectivo de 195 horas y que se realiza a distancia. Por lo que se puede seguir estés donde estés. La terapia sexual está principalmente dirigida a aquellos pacientes cuya disfunción sexual es de origen funcional y se aplica tanto para aquellos que tienen dificultades en la erección como en la eyaculación. Sí, porque generalmente se tiene en el hombre el principal campo de estudio de muchas terapias.



De esta forma, un paciente que tiene un problema de erección sabe que ésta no puede ser obtenida por la voluntad y que sólo responde a los estímulos eróticos que la desencadenan. Es por ello que se deberán instituir ciertas pautas para que se estimulen previamente zonas erógenas secundarias (labios, cuello, abdomen, etc.), evitándose las zonas erógenas primarias (genitales). De esta manera no se forzará una estimulación que podría ser frustrante. Sino que se insta al paciente y a su pareja que aprendan a relajarse, aumentando de esa manera, la sensibilidad para sentir las caricias, que en forma indirecta permitirán la recuperación de una confianza, hasta el momento, perdida. Porque el sexo debería ser placentero y no una tortura.

Fotofrafía: iTzMe Donizett en Picasa



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