Empeora la sanidad en España: cae la valoración de los pacientes crónicos

Los recortes en Sanidad se han notado en todos los sectores y sobre todo, en todos los bolsillos. Quizás por eso, la valoración de nuestro sistema de salud tiende a la baja.

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Los recortes que se han llevado a cabo en nuestro país han puesto en peligro el que era un modelo sanitario perfecto. No lo decían los españoles, sino que en medio mundo había sido objeto de copia y de imitación por otros países que tenían claro que esta era la mejor de las propuestas: costaba poco y funcionaba muy bien. Las encuestas demuestran que cada vez más los españoles estamos preocupados por nuestra salud y por cómo nos atienden en lo público. De hecho, antes de que la crisis se llevase por delante nuestro modelo lo valorábamos como uno de los mejores dentro de la comparativa con la misma valoración de otros ciudadanos de los suyos propios. Pero la peor nota se la dan quiénes más lo utilizan: los enfermos crónicos.

Se considera enfermo crónico aquel que padece una enfermedad -sea del tipo que sea- para la cual no está prevista una recuperación. Es decir, esa persona va a tener que tomar un tratamiento de por vida y acudir puntualmente a citas y revisiones para comprobar el estado de salud y el avance de la misma. Para los españoles que se encuentran en esta situación, actualmente nuestro sistema de salud se queda con un aprobado de esos que solemos llamar raspado. Le otorgan un 5,2. El resto de la población solo lo valora un 15% mejor.

Cuando la salud cuesta demasiado

Aunque muchos de los encuestados en esta reciente encuesta que ha publicado El País no han notado una bajada de la calidad en la atención que reciben, las quejas se orientan más al sobrecoste que les supone ahora la sanidad, o al hecho de que deben desplazarse más lejos para poder recibir los mismos servicios. Sin embargo, ya existe un porcentaje de personas que aseguran que la calidad no es la misma. Y cuando la calidad de la Sanidad disminuye nos podemos encontrar con problemas que antes no se hubieran planteado. No se trata solamente de que no se nos trate una dolencia de la mejor de las maneras, ni tampoco de que tengamos problemas para llegar al centro de salud, se trata en muchos casos de riesgos psicológicos por el estrés que plantea la nueva dinámica, y en otros de suspensión de todos los tratamientos necesarios por falta de dinero.

El problema añadido de un mal sistema de salud

La calidad de vida de las personas está marcada por muchos factores. Y se supone que en las sociedades desarrolladas el estado del bienestar viene a proporcionar esa calidad de vida. Una mayor longevidad, reducción de enfermedades contagiosas, reducción de la muerte por enfermedades que tienen cura, y sobre todo, que los ciudadanos sientan que están viviendo de la mejor manera cada una de las etapas de su vida. Cuando esa percepción se tambalea, no solamente notamos las secuelas físicas. El hecho de no poder pagarse las medicinas acarrea también trastornos psicológicos. No poder quedarse a dormir con un familiar porque hay un coste añadido que sumar, supone un problema de estrés que afectará en el día a día. Y no poder acceder al tratamiento que se requiere porque hay que desplazarse, o incluso cambiar la residencia para poder llevarlo a cabo, más de lo mismo.

Con el nuevo sistema de salud se está condenando a los ciudadanos a vivir mucho peor. Y no solamente en cosas que en un principio podrían parecer banales como tener que recorrer 10 kilómetros para acudir al nuevo centro de salud compartido con otro ayuntamiento o pagar un poco más en la farmacia. Puede que todos esos pequeños recortes a quien manda no le parezcan relevantes, pero lo cierto es que las consecuencias que tienen en la sociedad son mucho más profundas de lo que se han estimado, o del caso que se le ha hecho a las estimaciones que sí lo preveían. Si en España queremos presumir de ser un país europero, y sobre todo mantener nuestras tasas de longevidad y de calidad de vida, no podemos permitirnos acabar con un sistema que realmente funcionaba. Las consecuencias llegan y las encuestas dicen que ya la población las está sufriendo.

Yo particularmente tengo que decir que apenas me he visto afectada, pero conozco a mucha gente que está viviendo situaciones realmente dramáticas que acaban por minarles y que incluso afectan a sus vidas laborales o familiares. Y esto, no solamente no es justo, sino que es ilógico pensando en lo que habríamos podido hacer si se hiciesen las cosas de otra manera.

Imagen: Official U.S. Navy Page

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