Las emociones y la salud

En todas las enfermedades intervienen diferentes causas, pero algunas actitudes emocionales pueden esconderse detrás de cada una de ellas.

Emociones y salud van de la mano

Muchas dolencias de la espalda tienen su origen en las emociones. En ello interviene la falta de ejercicio, malas posturas, una alimentación incorrecta y con un descanso no reparador, pero cuando le sumamos las exigencias de la vida moderna, angustia, ansiedad … es más probable sufrir alguna alteración. Cuando estamos estresadas liberamos adrenalina, que puede provocar una mayor contractura muscular.

Quien concentra el dolor en la zona cervical suele tener el origen de sus problemas en el ámbito intelectual o temperamental. La zona lumbar suele tener origen en los problemas relacionados con el dinero o el resentimiento de no poder seguir adelante. Si te duelen los hombros se relaciona con un exceso de responsabilidad.

Ante estos problemas hay que trabajar e ir recuperando el equilibrio-cuerpo-emoción. Para ello haz ejercicio de forma regular según tu edad y forma física. Y mantén una dieta equilibrada. También dedica unos minutos para tomar conciencia de tu estado emocional. Respira y reflexiona cinco minutos sobre lo que es importante y lo superfluo. Hazlo tres veces al día. Y para finalizar, sé generosa y tendrás serenidad y serotonina, la hormona de la felicidad.

Algunas veces solemos decir que tenemos el estómago en un puño cuando algo nos angustia o que notamos mariposas si algo o alguien nos hace sentir bien. Son el reflejo de una gran verdad que se ha demostrado científicamente: la relación que existe entre nuestra psique y el aparato digestivo.

Cuando tenemos miedo o estrés, perdemos el apetito, si padecemos ansiedad, lo aumentamos, y si nos enamoramos es fácil que comamos menos. La máxima expresión de esta conexión entre estómago-emociones llega cuando percibimos que nuestras tripas nos ‘hablan’ nos oprimen y avisan de la presencia de una peligro o una situación emocional intensa.

Esas emociones, estrés y miedos que escondemos en nuestro aparato digestivo hay que sacarlos y superarlos o acabamos somatizándolos en dolencias gastroistentinales.

Imagen | Síndrome feliz

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