Píldora postcoital… ¿o educación sexual?

El uso de la píldora postcoital viene definido por la Sociedad Española de Contracepción (SEC) de la siguiente manera: «si se te ha roto el preservativo o has tenido una relación sexual desprotegida tienes 72 horas para una segunda oportunidad». Y oigan, una humilde servidora, ante la sabia explicación de una sociedad científica de la que se entiende una gran profesionalidad, no tiene nada que decir. ¿O sí?

Esta semana se ha dado a conocer una nueva resolución sobre su venta al público. Una resolución del Gobierno que ha venido de la mano de muchas polémicas. Y es que se ha aprobado la venta en farmacias sin receta médica y sin límite de la píldora del día después. Para algunos profesionales del sector se trata de un derecho legítimo de la mujer, mientras que otros inciden en que la píldora tiene efecto abortivo y dispensarla libremente es exponer a los adolescentes a un grave riesgo para su salud.Al leer esta decisión, me he preguntado si ahora mismo la posibilidad de obtener esta píldora está tan complicada y poco accesible. Y he aquí mi gran sopresa: en la actualidad se dispensa gratuitamente en diez Comunidades Autónomas (Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Navarra, Cataluña, Extremadura, Galicia y Baleares) según datos del Ministerio de Sanidad y no se hace en las farmacias, sino en los centros del servicio autonómico de salud. Mientras, en el resto de las comunidades se debe acudir a las farmacias con la receta médica que dispensan en estos centros.

Este artículo no prentende mostrar una opinión firme sobre este tema, sino una mera publicación de una noticia de carácter general y que ha causado gran polémica en la población española. Pero es inevitable plantearse muchas preguntas que rodan nuestras cabezas a partir de esta decisión. Y es que teniendo segura la compra de una pastilla que impide quedarse embarazada: ¿no podrán caer los sectores más jovenes, inexpertos e inmaduros de la población en el error de confundirla con un método anticonceptivo?.

Y es que además, no hay olvidar que lo que se está tomando es un medicamento, por lo que: ¿es ético vender de forma libre un medicamento que puede ocasionar graves efectos secundarios a la persona que lo toma?. Además, no debemos olvidar que al no pasar ningún tipo de filtro a la hora de su compra, ésta puede tomarse las veces que uno quiera, así que: ¿hasta que punto es ético no preocuparse de las veces que una persona haya podido tomar esta pastilla en cuestión de años, meses e incluso días?. Y partiendo de la base de que la mayoría de los usuarios son jóvenes y con un posible problema, por lo que no estarán pasando por un buen momento, me pregunto: ¿es igual un mero prospecto que un médico, con todos sus conocimientos, explicaciones, apoyo, consejos y profesionalidad?. Y si duda lo que me parece más peligroso de toda esta decisión: ¿a las personas que han tomado esta polémica decisión, se les ha olvidado lo que significa ITS?

La abreviatura ITS se refiere a Infecciones de Transmisión Sexual, y los jóvenes aunque tontos no son, son jóvenes. Y por ello, pido desde aquí una mayor educación sexual al respecto, unas buenas campañas informativas y educativas donde se expliquen qué son las ITS y cómo frenar el contagio. Que los padres pierdan el pudor y la vergüenza, se informen, hablen con sus hijos y se aseguren de que saben protegerse del contagio de ITS y saben usar bien un preservativo.

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