¿Por qué el sexo debe enseñarse en la escuela?

Aunque para muchos es un tabú todavía, no cabe duda de que introducir el sexo como asignatura en la escuela tiene muchas más ventajas que no hacerlo.

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Cuando hablamos de sexo, todavía hay quién se atemoriza y continúa manteniendo a éste como un tópico. En realidad, lo peor que se puede hacer sobre el sexo, es no hablar de él. Sobre todo si nos referimos a la educación sexual que deberían recibir todos los niños del mundo. Para algunas de las corrientes educativas más conservadoras, la educación sexual debería literalmente desaparecer, por el hecho de que lo consideran un instinto no precisamente benévolo y por las enseñanzas de la castidad y la virginidad hasta el matrimonio como única opción. Los más ultras, ni siquiera quieren oír hablar de métodos anticonceptivos, porque si no se mantienen relaciones, que es el fin último, estos no son necesarios. Pero dejando a un lado a los radicales, la educación sexual nos hace ser mejores ciudadanos y sobre todo, ayuda a prevenir enfermedades y conductas insanas.

Saber qué es el sexo, darle todo el sentido social que tiene, y aprender que a través de él se expresan emociones, se forman vínculos, pero también se pueden contraer enfermedades es fundamental para que los niños de hoy se conviertan en adultos sanos y conocedores de la realidad en el mañana. La epidemia de SIDA no está controlada, y en parte, la falta de educación es la que hace que no podamos luchar contra la enfermedad. Y mientras no se la encontramos, sigue siendo una enfermedad mortal.

Solo un moralista puro podría defender que hablarles del sexo a los niños, siempre desde el sentido didáctico y orientando dichos contenidos a la edad que tengan es malo. El sexo, es una parte más de nuestras vidas, una necesidad física, un instinto, una manera de sentirse unidos al otro, una fórmula de obtener placer, y también el medio que tenemos para reproducirnos. Y siendo todas estas cosas, y marcando buena parte de las relaciones que vamos a tener en nuestras vidas adultas.

¿De verdad qué consideramos banal hablar de sexo con los niños? ¿De verdad pensamos que no enseñarles es mejor que sí enseñarles? ¿En qué cabeza puede caber la posibilidad de que el saber vaya a causar daño? Dessde luego, llegados al punto en el que estamos, habrá que dejarle de discursos moralistas y aplicar aquello de que el conocimiento no ocupa lugar. Y que en este caso, podría prevenir graves enfermedades, embarazos no deseados, y sobre todo, olvidarnos del pudor que provoca todavía el tema en la sociedad. Demasiadas ventajas para renunciar a la educación sexual.

Imagen: Santuario Torreciudad

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