¿Sabes qué es el distrés? Te lo explicamos

¿Qué entendemos por distrés, es lo mismo que el estrés clásico de siempre? ¿Cómo podemos gestionarlo?

¿Distrés o el estrés de siempre?

Esta vez voy a tirar piedras sobre mi propio tejado, porque estoy a punto de descubrirte el misterio del siglo que te permitirá no seguir adelante con el resto del artículo: sí, el distrés es lo mismo que el estrés, el estrés de toda la vida. Pueden parecerse en cuanto a las letras que forman el término, pero en cuanto al significado verás que hay notables diferencias. ¿Quieres saber qué quieren decir con esa palabreja?

Si sabes lo que es el estrés clásico, sus causas, consecuencias y cómo hacerle frente, no hace falta que sigas leyendo. Pero si no estás muy seguro de tus conocimientos en la materia empezaré explicándote por qué pienso que el distrés es la reencarnación moderna del estrés antiguo. ¿Te has quedado perplejo? Creo que continuar con el artículo será tu mejor solución.

Ganas de marear la perdiz con el distrés

Resulta que lo que hasta no hace mucho conocíamos como estrés, ahora nos ha dado por llamarlo distrés, para lo cual hemos tenido que inventarnos que hay un estrés bueno y otro malo. Suena a guión de película, pero para mí que se le ocurrió a alguien para dar salida de nuevo a los escritos que tenía guardados sobre estrés, y sacarlos a la luz cambiando el término por el de distrés. Sea dicho esto con todos mis respetos para Hugo Bruno Selye fisiólogo y médico austrohúngaro que fue quien acuño el término.

Como hay un estrés malo necesitamos uno bueno y otra palabra para designarlo: «eustrés” (que también se las trae). No te preocupes, ni te líes, que todo es más sencillo de lo que parece.

Resulta que el moderno eustrés (estrés bueno, positivo) comprende todos aquellos estímulos físicos, fisiológicos y psicológicos que suponen las pequeñas alegrías y dolores de la vida (vamos, las emociones positivas o negativas de toda la vida). Se trata de un proceso natural y habitual de adaptación, durante un período corto de tiempo, para resolver una situación concreta que requiere más esfuerzo.

Y el distrés (estrés malo, negativo) es aquel que supera esa adaptación, habitual y normal, rompiendo el equilibrio del organismo causándole fatiga, mayores niveles de ansiedad, de irritabilidad y de ira. Es una reacción fisiológica del cuerpo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar algo que se percibe como amenazante.

Como gestionar el estrés: sea eustrés o distrés

El estrés (si englobamos el bueno y el malo) es el modo que tiene un cuerpo de reaccionar a un estímulo o a un desafío. No tiene por qué percibirse siempre como algo pernicioso de lo que hay que alejarse: el esfuerzo es bueno y necesario para crecer y desarrollarse en todos los aspectos de la vida. Pero sin pasarse.

Con un ejemplo deportivo quizá lo veamos más claro. Para mejorar en un deporte tenemos que hacer un esfuerzo, tenemos que entrenar, ese es el estrés positivo. Pero si entrenando, hacemos un sobreesfuerzo, tenemos una sobrecarga, nos lesionamos y eso es perjudicial, ese es el estrés malo, el famoso distrés.

El estrés mantenido en el tiempo y la intensidad se transforma en malo, en distrés, y puede provocar una lesión, la aparición de consecuencias físicas y psicológicas, debidas al aumento del gasto de energía y el consiguiente agotamiento de las fuerzas. En este caso no serán suficientes los sistemas fisiológicos y psicológicos que la naturaleza nos ha dado para poder recuperar una situación de equilibrio y será indispensable compensar el agotamiento por medio de reposo, tranquilidad y recuperación de la energía.

Lo negativo del distrés

Las consecuencias negativas del distrés afectan a nuestro cerebro y a la forma en que nos relacionamos con los demás. También modifican nuestra autoconfianza, el entusiasmo y la ilusión en una tarea o trabajo. Y hasta hace bajar nuestras defensas inmunológicas. Sus síntomas pueden abarcar el insomnio, irritabilidad, cansancio, falta de concentración, dolor abdominal o de cabeza, dificultad para tragar o digerir alimentos, mareos, respiración agitada, frecuencia cardiaca irregular, sudoración excesiva, incluso trastornos de ansiedad que pueden conducir a una depresión.

Si todo eso nos viene como consecuencia del agotamiento, el remedio es sencillo, aunque no sea fácil, consiste en descansar. Es algo natural cuando estamos cansados, pero complicado cuando estamos agotados. Nos ayudará romper con la rutina; al salir del trabajo dedicarnos más tiempo a nosotros mismos: una buena cena, un buen baño caliente con sales relajantes… Hacer algo de deporte que nos ayude a evadirnos y a liberar nuestra mente de las tensiones. Salir con amigos para contar lo que nos pasa y sacarlo fuera es imprescindible.

No hay como reírse un poco y darnos cuenta de que no somos especiales, que a todo el mundo le ha pasado alguna vez. No hay mejor medicina que tomarnos un episodio así como lo más natural, pues lo es. Y hablando de medicinas, puede que también necesitemos alguna ayuda y no hay por qué desdeñarla, pero siempre bajo prescripción médica. Algún complejo vitamínico para aumentar nuestra energía, o algún relajante que nos permita dormir. Pero el consumo de algunas sustancias, tales como alcohol o nicotina, mejor olvidarlo.

Ya sabes si tiene “distrés”, pues “distrá”, ¡distráete!

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