Té, el nuevo brebaje matutino

Aunque el café está fuertemente arraigado en nuestra cultura como la típica bebida matinal para despertar a los trabajadores y para animar las sobremesas, el té cada día está ganando más adeptos y se posiciona como la alternativa más saludable al líquido cafetero.

Empieza el año y todos nos cargamos de buenos propósitos (aunque no tantas ganas para cumplirlos). Muchos de nosotros, entre los que me incluyo, decidimos cambiar hábitos que o bien creemos que de forma abusiva nos pueden ser perjudiciales o bien estamos cansados ya de llevar a cabo una y otra vez. Entre ellos, a parte del clásico «dejar de fumar» o «ir al gimnasio», podríamos incluir el de «tomar menos café». Ciertamente la cultura española es eminentemente cafetera, y sea por efecto placebo o por los efectos de sus dosis de cafeína, somos muchos los que no nos sentimos completamente activos por las mañanas hasta que no hemos tomado un buen trago de café (sea solo, con leche, o con coñac para los más osados).

El té, tan arrigado en la cultura oriental, cada día tiene más adeptos en nuestro país

También es cierto que los humanos (más los que vivimos la vida frenética de las grandes ciudades) repetimos rutinas inexplicablemente y sin pararnos a pensar en porqué lo hacemos. Por suerte o por desgracia, hay también tendencias que van apareciendo en las sociedades para ir modificando los comportamientos clásicos y que nos hacen replantearnos cómo hemos actuado siempre en la vida. Y del mismo modo, sin darnos cuenta, cambiamos arrastrados por las corrientes.

Pero, ¿porqué tengo que tomar «mi» cortado cada mañana si en realidad no es que me apasione su regusto amargo y me deja cierto malestar en el estómago?… Algo así me asaltó la mente una mañana de principios de este nuevo año, retándome a cambiar de hábitos en el mejor momento. De esta manera, sea porqué cada día está más de moda o o porqué realmente deseaba probar gustos nuevos, he decidido pasarme al té.

Importante decisión ésta, ya que implica mucho más de lo que puede aparentar una simple bebida. Aunque lejos del simbolismo que puede tener el mate para los argentinos o el frappé para los griegos, el café es toda una institución nacional que lleva consigo un cúmulo de valores. Con lo cuál, renunciar a él en pro de la bebida con teína significaba realmente replantear mi modo de vida de cara al nuevo año. Afortunadamente, el té, aunque también debe incluirse dentro de las bebidas excitantes (con los consiguientes efectos estimulantes sobre nuestro cuerpo), presenta muchos más beneficios para el organismo que el café. De hecho contiene la misma sustancia que encontramos en los granos cafeteros, la cafeína, aunque para diferenciarlo aún más del líquido negro lo llamamos teína. En todo caso, las cantidades y fortaleza de estas partículas estimulantes son menores en el té que en el café, siendo menores sus efectos también.

El té, la segunda bebida más consumida del mundo (por detrás del agua), se utiliza en China desde hace más de 3.000 años y se ha considerado durante muchos siglos un producto medicinal, utilizado para muchos males como el envenenamiento. No es de extrañar pues que, dada su longevidad y su tradición como brebaje curativo, el té haya sido siempre considerado una de las bebidas más saludables para un uso diario. Hay que saber, además, que existen más de 3.000 variedades de tés y que todas ellas se extraen de las hojas y brotes de la planta Camelia Sinensis. Ésta es una de las 50 hierbas fundamentales usadas en la medicina tradicional china, con lo que corroboramos nuevamente su valor saludable.

El té negro tiene menos propiedades que el verde, pero es el más popular en Europa

Para los neófitos en el mundo del té hay que saber que existen a grandes rasgos dos distinciones: el negro y el verde, siendo este último el más saludable. La diferencia entre ambos se basa en su proceso de elaboración. El té negro (que es el más consumido en occidente) se deja secar y fermentar tras ser cosechado, a diferencia del té verde (el más popular en los países orientales) que no se deja fermentar ni antes ni después del secado, de manera que retiene los ingredientes activos de la planta (los polifenoles). De esta manera, ya que el té verde está menos procesado que el negro, contiene más cantidad de antioxidantes y al final es el más potente. Por este motivo cada vez más se está extendiendo el consumo del té verde en las sociedades occidentales, bien sea por las tendencias que apuntábamos antes como porque realmente presenta mayores beneficios que el comúnmente usado.

Otros de los beneficios del té para nuestra salud, a parte de su poder antioxidante (que combate los radicales libres que destruyen las células y tejidos, además de mejorar la regeneración celular y la circulación), se encuentran en las sustancias que alberga en su interior: vitaminas C, B, B1 y B2; minerales, aceites esenciales, potasio, niacina, ácido fólico, manganeso. Este maravilloso cóctel medicinal se ha demostrado que puede ayudar a prevenir muchas enfermedades, como el cáncer, y a aumentar nuestras defensas en general. Además, las hojas del té también contienen polisacáridos, que protegen la hemoglobina de nuestra sangre. Otros aportes importantes a nuestro cuerpo son que estimula el sistema nervioso, tiene efectos diuréticos, mejora la salud dental gracias a los fluoruros que contiene y reduce el colesterol.

Como muchas otras infusiones, el té mejora la digestión, por lo que resulta ideal como plato final para nuestras comidas. Por otro lado, nos puede ayudar a perder peso por muchos motivos. Primero, porque sustituyéndolo por otras bebidas calóricas que acostumbramos a consumir nos ahorrará todas esas calorías. Además, el té verde, al contener muchos polifenoles, aumenta el metabolismo basal y produce más gasto energético. Por último, moviliza los depósitos de grasa del organismo, acelerando su eliminación.

Definitivamente, son muchos los motivos que existen para pasarse de lleno a una cultura del té (mucho mejor verde, si puede ser). Con lo que por primera vez puedo sentirme orgulloso de adoptar un comportamiento moderno, que además de recompensarme con las miradas de aprobación de mi circulo social, beneficiará completamente mi organismo. Cambiar de hábitos, pues, puede ser mucho más fácil y saludable de lo que parece. Y aunque tampoco hace falta ahora volvernos adictos a la «competencia» del café, ya que podemos combinar ambos perfectamente en nuestros hábitos, le damos unos muy buenos días al té.

Fotos: Ricardo Martins y Trekkyandy

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