Educar los niños a la francesa

Se trata del libro que alaba la educación de los niños franceses pero que sin embargo abre un fuerte debate en los países anglosajones. Son niños que no gritan, duermen toda la noche e incluso juegan solos.

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La periodista norteamericana, Pamela Druckerman, escribió un libro después de ser mamá en Francia. Y como toda aquella etapa le hizo ver con claridad el modo de actuar a los padres franceses en cuanto a la educación de sus hijos, en un claro ejemplo digno de admiración (según ella) llega incluso asegurar que educar a los hijos ‘a la francesa’ tiene sus ventajas como bien recalca en el libro ‘Como ser una mamá cruasán’.

Según la periodista ella pudo comprobar que los niños franceses estaban mejor educados, primeramente las mamas no miman en exceso a los retoños, ni tampoco la maternidad es el centro de su universo. Las mujeres francesas tratan de que su papel como madres no sea el único que dé sentido a sus vidas. No renuncian a trabajar, ni se precipitan a recuperar su figura tras el parto, y así los niños aprenden a respetar el espacio de los demás, incluido el de la madre. Sin embargo aún así, los niños apenas cogen rabietas en público, saludan siempre educadamente y, comen de todo. Esta mujer estudió e investigó dónde estaba la pauta para que los niños galos sean tan angelitos.


Primeramente la educación es más libre. Se trata de fijar las líneas rojas que los niños no pueden rebasar y, a su vez, permitirles libertas dentro de esos límites. Así se respeta su autonomía y se les autoriza a tomar ciertas decisiones. Un buen método porque así el niño va aprendiendo por sí mismo. En cuanto a las comidas, los niños franceses hacen cuatro comidas al día. Salvo excepciones no pican entre horas, ni comen ‘chuches’. Así que ningún caramelo les quitará el hambre. Y lo más sorprendente, están acostumbrados a comer de todo.

Duermen toda la noche de un tirón desde los tres meses. La pauta está en no precipitarse hacia la cuna en cuanto el niño comienza a llorar, esperan varios segundos a que se tranquilicen por sí mismos. De este modo ellos mismos aprenden a enlazar las distintas fases del sueño. Quizás por eso se diga que los padres franceses están menos apegados a sus hijos. Y tampoco los elogian constantemente, los padres se esfuerzan en mantener la autoridad frente a sus hijos, cuentan hasta tres al indicarles algo, y así les dan tiempo para que el niño reaccione y opte por una posición más activa, así se les fomenta el autocontrol.

Imagen | martius

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