Jóvenes con carrera y sin futuro laboral especializado

La juventud de hoy en día dicen que es la más preparada que nunca. Sin embargo, el trabajo especializado brilla por su ausencia y la emigración es tan dura como antes.

juventud sin trabajo

Cuando hablamos de futuro entre los jóvenes, las caras largas, el desasosiego y la desesperanza parecen ser los sentimientos más comunes. No es para menos. La generación nacida en los 80, y las siguientes, van a ser las primeras que vivan peor que sus progenitores. Han podido estudiar, gracias al esfuerzo de sus padres, pero no van a poder ver recompensados todos esos años de estudio, porque el trabajo que hay en un país que está entre las posiciones más altas de todo el mundo en desempleo juvenil, además de escaso, es precario. Encontrar un trabajo en España es casi misión imposible, y que sea un trabajo bien remunerado y con unas condiciones de mercado óptimas, como que te toque la quiniela.

Y lo de que nos toque la lotería con un trabajo, aunque es una expresión que escuchamos en todos lados, no podemos olvidarnos de que en realidad el trabajo es un derecho. Y parece que a nadie de los que pueden cambiar las cosas se les pasa por la cabeza esa tesis. Hemos llegado a un punto en el que casi tenemos que agradecer el hecho de tener un trabajo. Y quizás esa paciencia con la que nos hemos tomado las nuevas normas, esa falta de ganas de hacernos valer nos han llevado a la situación actual en la que se nos trata como si nosotros en lugar de el que va a dar sentido a la empresa, fuésemos los que la empresa va a hacerles un favor. Y si nos planteamos las situación de las mujeres, las cosas son todavía peor.

Es cierto que en el caso de los jóvenes, el desempleo afecta por igual a hombres que a mujeres, y en el caso español la cifra se eleva al 55% de paro para los menores de 35 años. Claro que eso supone que uno de cada dos jóvenes, independientemente de su sexo, se encuentra actualmente con ganas de trabajar, con las posibilidades de hacerlo, y sin ninguna oportunidad para ponerse en marcha. Y si en ese caso ambos colectivos, hombres y mujeres nos igualamos por la base de no oportunidades, una vez llegan esas ofertas ansiadas como si se tratase del sorteo de El Niño, la competencia se hace desigual. Aunque las políticas de igualdad han ido avanzando en los últimos años, y se ha buscado esa equidad entre hombres y mujeres en el lugar del trabajo, todavía queda mucho por hacer para esa paridad universal.

Una igualdad desigual

En muchos casos, ellos cobran más que nosotras desempeñando iguales funciones. En otros, las empresas los prefieren a ellos, ya que no tendrían que enfrentarse a las bajas por maternidad que tanto preocupan actualmente en el mundo de los negocios, y que suponen una inversión muy importante por parte de las empresas. Así, una vez superada esa barrera de dificultad que tenemos todos los jóvenes en los tiempos de paro que se viven en España, nos encontramos además con el mercado real, en ese que se dicen dar las mismas oportunidades a ellas que a ellos, pero cuya realidad es sustancialmente diferente.

Y ciertamente no tiene sentido que en un país en dónde muchas facultades tienen en sus inscritos muchas más mujeres que hombres, sigamos con esta tesis. No tiene sentido que sigamos presumiendo de paridad a trozos, cuando luego se cacarean estupideces como que no conviene contratar a mujeres en edad fértil. De poco vale hablar de igualdad cuando a las mujeres no se les ofrece lo mismo, simplemente por el hecho de ser mujeres. Y eso, las jóvenes, las nuevas generaciones de féminas, lo sufren más que las anteriores generaciones. Si bien no hace tantas décadas el trabajo remunerado era cosa de hombres, quienes se encargaban del sustento familiar, y quizás las preocupaciones para la mujer en ese sentido no existía, ya la generación anterior a los nacidos en los 80 era de mujeres trabajadoras. Mujeres que sin embargo, frente a los hombres, no podían acudir con los mismos méritos académicos. Bien porque no habían estudiado, bien porque habían abandonado los estudios con la maternidad.

A día de hoy, competimos en igualdad de condiciones. Para lo bueno y para lo malo. Y aunque para lo malo, en este caso para el desempleo galopante, parece que sí somos iguales, para lo bueno, es decir, para encontrar trabajos remunerados y en los que se premie la valía de la persona más allá de la precariedad instaurada en el sistema, ya no tanto. Creo que hay que replantearse las cosas, y sobre todo, darnos cuenta de que las políticas de nada valen si no se ponen en marcha y se cambian los conceptos instaurados en la sociedad por siglos.

Imagen: Dirk Förster

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