No es delito besar o que tu jefe te toque el culo en el trabajo

Parece ser que si tu jefe te besa, te toca el culo o soba las piernas es un gesto amable que no está penalizado y tampoco se considera acoso sexual.

Últimamente las mujeres estamos perdiendo muchos derechos

Realmente con sentencias como esta te dan ganas de salir corriendo sin mirar atrás. Puesto que, o la justicia hace aguas por todos los extremos o simplemente estamos retrocediendo en  muchas décadas atrás. Solo hay que ver este caso en el cual un farmacéutico ha sido absuelto tras ser denunciado por dos empleadas, las cuales había sido presas de acoso sexual y sin embargo el magistrado no ha visto nada malo en los hechos.

Si tenemos en cuenta que hace unos días el ex consejero José Manuel Castelao declaró que: las leyes son como las mujeres puesto que están para violarlas, es para que una mujer se indigne con noticias de esta índole.


En el caso que remito, se trata de la absolución de  un farmacéutico de Alcalá de Henares al considerar, el juez, que tocar las nalgas, besar y acariciar las piernas de sus empleadas sin el consentimiento de éstas no supone un delito de acoso sexual. Y lo peor de todo es que los tres magistrados corroboran la sentencia.

De nada ha servido que las dos empleadas sufrieran acoso sexual entre los años 1997 en un caso y en 2002 en el otro, ni que fueran tratadas psicológicamente por todo lo que han pasado. Y si bien está probado que el acusado las presionaba de manera velada pero constante, es indignante que simplemente la sentencia diga que: el farmacéutico simplemente les estaba proponiendo una relación sentimental y para nada puede ser condenado por lo que se le ha denunciado.

Y es que parece ser que las empleadas se equivocaron en la denuncia ya que la Audiencia Provincial de Madrid eso de dar palmadas en las nalgas, hacer tocamientos y dar besos sin ser consentidos por  sus empleadas entiende que no son conductas que puedan tildarse jurídicamente como ‘acoso sexual’, ya que en su opinión debería haber sido acusado de abusos sexuales.

Tampoco ven indicios de mala conducta cuando les escribió cartas intimidatorias, les enviaba mensajes de texto subidos de tono o cuando no les pagaba la nómina o los incentivos, al no acceder estas mujeres a sus deseos sexuales. Y lo peor de todo es que estas dos mujeres estuvieron en tratamiento y nada de eso ha valido para condenarlo, ya que, al final es como si las dos empleadas hubieran tenido la culpa al equivocarse en la denuncia.

Lo peor de todo es que con sentencias como esta, nos hace preguntarnos, en qué posición estamos quedando las mujeres en el siglo XXI.

Imagen | Fora do Eixo

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